El FMI volvió a condicionar el acuerdo con la Argentina a que se avance con reformas estructurales. Esta vez lo hizo el directorio, a través de la publicación del contenido de la reunión en la que se discutió el caso argentino la semana pasada. Entre otras cuestiones, critica los acuerdos de precios que se alcanzaron con distintos sectores ya que -considera- no contribuyen a generar buen clima de negocios. Se nota claramente en esos comunicados la presión del G-7, que solicita además que se cierren acuerdos de largo plazo con las privatizadas. En definitiva, se repiten prácticamente todas las exigencias ya conocidas para encarar la negociación. Todo indica que las partes están aún demasiado lejos como para esperar un pronto entendimiento. Es que el FMI está cómodo mientras el gobierno continúa cancelando deuda en efectivo. Al menos bajó el nivel de hostilidad pública: Silvio Berlusconi prometió al canciller Rafael Bielsa que Italia ya no será una traba para la Argentina dentro del organismo.
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