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Mientras tanto, Brasil encaró, ya hace unos años, una agresiva política exportadora. Es natural, entonces, comprobar que las importaciones argentinas se incrementan al ritmo del aumento de la economía local, y nuestras exportaciones sólo crecen por la suba de los precios internacionales y del volumen del comercio mundial. En este contexto, es lógico esperar que caiga el balance comercial total y que frente a Brasil tengamos déficit, dado que importamos mucho, por lo ya comentado, del país fronterizo, y lo que vendemos está más "distribuido". Un dato interesante surge de considerar que, mientras la participación argentina en el comercio mundial está estancada en 0,5% del total en los últimos 10 años, Brasil aumentó su participación en las exportaciones totales en más de 30%, al pasar de 0,9% a 1,2% del intercambio global.
En tercer lugar, y vinculado a lo anterior, todo incremento de exportaciones que no surge de una sustitución del mercado interno por el externo, es decir que no surge de una recesión, es "hijo" de una inversión pasada. Si la Argentina presenta hoy un récord de producción y excedentes agrícolas, se debe a que el sector invirtió para expandir sus tierras cultivadas y aumentar su productividad. En el caso agropecuario, existe un "techo" a la producción total dada la tierra disponible. El aumento de la producción de ciertos granos, entonces, se hizo a expensas de otros productos, como la carne o la leche. En estos casos, no sólo por un cambio de precios relativos a favor de la agricultura, sino por la directa intervención del Estado prohibiendo exportaciones de carne o lácteos, o fijando precios artificialmente bajos.
En el caso industrial, donde, en principio, "no hay límites" físicos, influyen el entorno macro, las ventajas competitivas, las reglas de juego, el mercado de capitales y el clima de negocios. En ese sentido, primero la devaluación brasileña del 99, sumada a los incentivos fiscales de los Estados de ese país, y el enorme mercado de capitales de largo plazo -mucho más importante que el "famoso" Banco de Desarrollo, que, en todo caso, se "fondea" en dicho mercado (téngase en cuenta que la relación créditos/PBI supera 40% en Brasil, y en la Argentina es de apenas 13% con la recuperación postcrisis. Dicho sea de paso, Chile, con estabilidad, Fondos de Pensión y sin Banco de Desarrollo, tiene una relación superior a 60%).
Pero volviendo a las ventajas brasileñas, devaluación, incentivos impositivos, mercado de capitales y reglas estables respecto del clima de negocios y la macroeconomía hicieron que muchas inversiones en la región se "mudaran" a Brasil o se instalaran directamente en ese país. Basta con ver los datos de inversión extranjera directa en términos de producto. Pero no sólo en el caso brasileño: tanto Chile como Uruguay están en récord de inversión extranjera directa en términos de sus respectivos PBI, y Chile ha desplazado a la Argentina como tercer receptor de inversiones de la región, y no precisamente por su enorme mercado interno.
Está claro, entonces, que no sólo de "tipo de cambio" viven las exportaciones. Dependen de decisiones de política económica mucho más complejas y de decisiones empresarias que responden a la macroeconomía, al clima de negocios, a la calidad del mercado de capitales de largo plazo en moneda local -con 20% o 15% anual de inflación y destruyendo el CER, el Banco de Desarrollo sirve para muy poco o, mejor dicho, para muy pocos amigos-, a los recursos humanos, a la provisión de energía, a las reglas del mercado de trabajo, al sistema impositivo, etcétera. En ese sentido, las "malas reglas" sólo han servido para que los extranjeros, en especial de la región, compren barato empresas argentinas, " castigando" su precio por las políticas locales y aprovechando, en este caso sí, el diferencial cambiario a su favor.
Mientras Brasil encaró un serio programa global de inserción, aprovechando la situación internacional, la Argentina se concentró en priorizar el consumo y el crecimiento acelerado, en un clima adverso a los negocios de exportación de largo plazo y a la radicación masiva de inversiones exportadoras, salvo en el complejo agrícola que, por su ciclo, responde rápidamente a mejoras en la rentabilidad. O en sectores de comercio administrado con inversiones ya hundidas, como el automotor.
En ese contexto, es fácil explicar por qué, aún con un dólar caro en la Argentina, nuestras exportaciones están estancadas en términos relativos y mantenemos un fuerte déficit comercial con Brasil. ¡Y encima el mundial de fútbol de 2014 será brasileño!




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