Tan reiterada, como ya fastidiosa, la marcha de los mercados -en general- y del nuestro en particular es un permanente reabrir de las ruedas para ver siempre más de lo mismo.
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Lo de ayer contuvo de distinto que el circuito había vuelto a integrarse, con lo cual la plaza local emergió del fondo del pozo de sus negocios y los llevó unos escalones más arriba.
Respecto de las fluctuaciones de precios, siempre se propendió a la neutralidad y a «matarse» mutuamente los deseos de unos y de otros.
Enfrentados virtuales, que parecen ser participantes de un mismo elenco, los bandos de oferta y demanda no alcanzan a distinguirse con precisión.
Donde uno parte en la dirección lógica, el otro lo alcanza y neutraliza, retornando a la posición original.
Y así, mientras el Dow también desarrollaba una rueda desteñida y casi sin variación, el Bovespa colocaba la nota mayor con su caída de 0,86 por ciento.
Buenos Aires se fue a un extremo mínimo de 1.672 puntos, el máximo estuvo diez puntos más arriba -1.682- y el cierre lo encontró pegado a la clausura del lunes, con 1.679 y un desplazamiento de apenas 0,12 por ciento, del que ni vale consignar el signo.
El volumen espantoso del día previo, con $ 8,5 millones, pudo cubrirse con el manto exterior y elevarse a un total de $ 30,5 millones de efectivo, que cubrió 7% de franja sobre los totales.
La ahora sobria Tenaris sólo insumió 55.000 papeles, con aporte leve de 0,26 por ciento positivo en precios. La mejor ayuda al índice provino de 1 por ciento favorable en Grupo Galicia, con las restantes yendo y viniendo en la escasez de órdenes.
Una fecha que se sumó a las olvidables, dejando las cosas como las había encontrado. Y la Bolsa, reposando.
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