5 de julio 2002 - 00:00

El porqué de una pobre celebración

A pesar de los temores, el país pudo celebrar el 4 de julio casi como tantas otras veces. Lo de casi viene a cuento no tanto por las medidas excepcionales de seguridad que se tomaron, sino por el nivel de la celebración. Nadie puede discutir que el fervor patriótico en todo caso es mayor este año que el anterior; sin embargo, resultó palpable que al menos en su faz pública, fue muy inferior a lo habitual. Esto se vincula de alguna manera con lo que está pasando en el mercado. La economía está fuerte y los inversores a nivel personal pasan por un muy buen año; sin embargo, su manifestación pública, que se muestra en el precio de las acciones, ha caído mas allá de lo que muchos imaginaban. Desde los 11.723 puntos que alcanzara el Dow como máximo histórico el 14 de enero de 2000, las blue chips han perdido 23% de su valor. No es mucho, pero esto demuestra el valor que a pesar de la historieta de la "nueva tecnología" se les sigue dando a las empresas maduras y capaces de premiar contra viento y marea a quienes apuestan por ellas. Una visión más neutra es la que da el S&P500, el índice que muchos consideran como el mejor representante del mercado en su conjunto, que del pico del 23 de marzo de 2000 ha caído 37,54%. Esto significa en cuanto a destrucción de riqueza que cada ciudadano norteamericano es hoy 22.500 dólares más pobre que dos años atrás, sin duda una razón más que suficiente por si sola como para explicar el porque de la falta de optimismo por lo bursátil. Pero si para los prudentes no han sido tiempos fáciles, mucho menos lo fueron para los incautos y optimistas que se plegaron a la idea del "nuevo paradigma".

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