Cuando vemos que el Dow ganó 0,9% en las últimas cinco ruedas, no podemos afirmar que fuera una mala semana. Pero, si consideramos que en tres de esas ruedas el Promedio Industrial retrocedió (la última fue el viernes cuando tras perder 0,06% quedó en 10.875,59 puntos), se entiende porque podemos decir que el mercado no está demasiado exultante (al menos no lo suficiente como para apostar a que en las próximas horas veamos cómo se quiebra la línea de los 11.000 puntos). Parte del problema tiene que ver con los datos sobre vivienda, bienes durables, inflación y algunos estados contables como los de FedEx, Nike, Morgan Stanley que conoceremos a lo largo de esta semana. Otra parte se relaciona con el precio del petróleo que si bien en la última sesión se desplomo a u$s 58,06 por barril parece guardar un mayor potencial negativo que en el otro sentido. No menos importante es el asunto del costo del dinero, que difícilmente reciba una noticia tan alentadora como la del martes pasado cuando la Fed abrió la puerta a la posibilidad de pensar en que dentro de no demasiado tiempo podría suspender su actual política de incrementos (este viernes la tasa de los treasuries a 10 años disminuyó a 4,446% anual, 9 puntos básicos menos que el viernes anterior). Claro que esto no quiere decir que los inversores estén nerviosos o que prime en ellos una idea de baja de aquí al último día del año. Simplemente parece que hemos entrado en un estadio en el que si bien el concepto de un rally ha sido dejado de lado, las apuestas están a merced de la típica actividad de los inversores institucionales cuando llega el fin de un trimestre, terminamos 2005 del lado ganador.
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