27 de noviembre 2001 - 00:00

El régimen cambiario de Brasil es un éxito

Después de más de 10 años de Mercosur, Brasil y la Argentina siguen padeciendo de un mutuo desconocimiento acerca de sus realidades específicas. En Brasil, hace 3 años que se pronostica la devaluación argentina para «mañana», sobre la base de la idea de que su vecino vive lo que los brasileños vivieron en 1998/1999 y de que el proceso tendrá el mismo final. Análogamente, algunos argentinos reaccionan ante la desvalorización del real como si ésta tuviese los mismos efectos sobre los precios que tendría una devaluación del peso. Se habla de «descontrol» como si el brasileño de la calle viviese al borde de un infarto por la cotización del dólar y como si el Banco Central estuviese tan vapuleado como lo estaba el BC argentino en épocas de hiperinflación. Es necesario, entonces, poner los puntos sobre las íes.

Vamos a los hechos. En primer lugar, si el real conserva su cotización actual, de cerca de R$/u$s 2,50, a fin de año, en los 3 años 1999/2001 habrá habido una devaluación total de 112 por ciento, con una inflación acumulada de apenas 24 por ciento y un «passthrough» (coeficiente de transferencia de la devaluación a precios) aproximado de apenas 20 por ciento.

Es cierto que la economía argentina tiene una serie de particularidades bastante diferentes de las de su vecino, pero eso no quiere decir que a Brasil le esté yendo mal. Hay que recordar también que -a diferencia de la Argentina-en Brasil no había muchas deudas en dólares y además sin «hedge». En pocas palabras, en materia de costos, a Brasil devaluar le salió prácticamente «gratis».

Sin sentido

En segundo lugar, hablar de que «Brasil devalúa» no tiene sentido. Equivale a decir que «la Argentina eleva el riesgo-país»: no es el gobierno que devalúa, sino el mercado, de la misma manera que es éste quien hace que el riesgo-país de la Argentina sea de 1.000, de 1.500 o de 2.000 puntos. Lo que sí ocurre es que la oferta de divisas en el mercado de cambio es afectada por medidas administrativas, y eso puede influenciar en cierta medida la cotización del dólar, pero la tendencia de la variable es ajena a la voluntad del gobierno, en un régimen de cambio flotante.

En tercer lugar, la ley de la gravedad sigue existiendo: lo que sube baja. Este año se repitió un guión muy similar al de 1999, cuando después de haber empezado en cerca de R$ 1,20 por dólar, la cotización de la divisa norteamericana trepó hasta 2,15, para caer luego estrepitosamente a 1,65 y cerrar el año a 1,80. En 2001, la cotización empezó en 1,95, llegó a las nubes en 2,80 y cayó ayer a menos de 2,50.

En cuarto lugar, los precios relativos funcionan:
quien en enero estaba soñando en comprar un auto importado con el dólar a menos de R$ 2, pasó a pensar 5 veces antes de concretar ese deseo cuando el R$ amenazó llegar a 3. Como resultado, las importaciones, que empezaron el año creciendo muy por encima de los resultados de 2000, están cayendo 10 a 15 por ciento en los últimos meses, algo notable si se tiene en cuenta que el país tendrá un crecimiento positivo este año. Todo eso hace que las perspectivas de la Balanza Comercial luzcan mejores para 2002, cuando se espera un superávit comercial de 5 mil millones de dólares, contra menos de 2 mil millones este año.

En quinto lugar, quienes afirman que la política económica está fracasando, por el hecho de que Brasil está creciendo mucho menos que en 2001, dejan de tener en cuenta el contexto en que el país vive.
La realidad es que entre 1994 y 1998, con tipo de cambio semifijo, Brasil creció a un promedio de 2,6 por ciento a.a., mientras la economía mundial se expandía a un promedio anual de 4,0 por ciento. Ahora, superada la transición de régimen de 1999, en 2000 Brasil creció 4,5 por ciento, número cercano al de la economía internacional, mientras que durante 2001/2002 se espera que crezca a un promedio cercano a 2 por ciento anual, que será aproximadamente el ritmo de la economía mundial en el mismo período.

Brasil paró de crecer porque el mundo está en recesión y no porque haya nada intrínsecamente malo con su política económica. En 2003, tendrá todo para volver a crecer y bien, si el próximo gobierno mantiene el rumbo del actual.

Finalmente, si bien es cierto que este año la inflación deberá ser de 7 por ciento, por encima del tope fijado por el Banco Central (6 por ciento), eso se dará en el contexto de una devaluación nominal del orden de 30 por ciento,
lo cual significa que en 2002, con una devaluación menor, es posible que la inflación se reduzca a 4 por ciento, permitiéndole al Central volver a acercarse al cumplimiento de sus metas.

Temas para discutir

Todo lo que se dijo quiere decir que el régimen cambiario de Brasil es bueno para él. Esto es apenas, sin embargo, uno de los aspectos de la discusión, ya que cabe discutir también: I) los derrames que se generan sobre socios y vecinos; y II) si los efectos se pueden generalizar a otros casos. Eso quiere decir que la política cambiaria puede ser buena para Brasil, lo cual no es incompatible con reconocer que pueda generar impactos importantes sobre los vecinos y que las prescripciones de política adecuadas para un país no necesariamente son las más adecuadas para otros.

En definitiva, brasileños y argentinos debemos dejar de magnificar los problemas del vecino, cuidar cada uno de sus respectivas agendas y preparar el terreno para llegar a un punto común a través de caminos diferentes. Eso significa, en la Argentina, salir de la recesión; y en Brasil, alcanzar la convergencia de la inflación hacia una meta cercana a 3 por ciento al comenzar el próximo gobierno en 2003. Cuando y si ambos países consiguen esos objetivos, recién entonces se podrá pensar más adelante en llegar a metas comunes más ambiciosas, como las de una moneda regional. Por el momento, se entiende que cada uno pretenda seguir siendo fiel a su propio modelo: «currency board» en la Argentina y flotación «casi libre» en Brasil. Que la Argentina no quiera devaluar es comprensible para quien conoce las características del país. Pero de ahí a sostener que la política de cambio flotante en Brasil es un fracaso hay una larga distancia. En 3 años, Brasil produjo una devaluación real de 70 por ciento y creció a una tasa acumulada de 7 por ciento, con una inflación anual promedio de 7 por ciento. Calificar esa política como un fracaso es algo que, lisa y llanamente, no está de acuerdo con los hechos.

(*) Del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil.

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