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El sistema financiero Uruguayo no pudo recobrar aun la confianza de los ahorristas, como lo evidencia la persistente salida de depósitos, que si bien redujo sustancialmente su ritmo, todavía no exhibe señales de detenerse. El problema se originó a fines del año 2001, en ciertas instituciones que presentaban una vinculación directa o indirecta con la República Argentina y que por ende se hallaban altamente expuestas a este país, o tenían vinculaciones accionarias. Estos problemas puntuales fueron debidamente abordados por el ente regulador, evitando que se propagaran a otras entidades del sistema. Sin embargo, con el agravamiento de la crisis en la Argentina, dichas medidas no disiparon la incertidumbre y no restablecieron la confianza en el sistema, especialmente entre los depositantes no residentes.
Las leyes tendientes a mejorar las cuentas fiscales de Uruguay sancionadas por el Congreso la última semana, sumado a los recientes anuncios de apoyo financiero por parte de entidades multilaterales, contribuyeron a disminuir esta incertidumbre. Asimismo, el hecho de que el Gobierno Uruguayo ya haya asegurado el financiamiento para el resto del año 2002, aumenta la flexibilidad por parte de este para apoyar a instituciones que pudieran presentar problemas puntuales de iliquidez. A fines de la primer semana del mes de Junio la salida de depósitos del sistema había disminuido, tanto en la banca pública como en la banca privada. Si bien esto es una buena señal, todavía es prematuro anunciar la reversión de la tendencia.
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Debido a que el sistema financiero Uruguayo tuvo históricamente un constante apoyo por parte del Gobierno, es difícil suponer un escenario similar al padecido por Argentina recientemente (restricciones bancarias seguidas de un congelamiento de los depósitos), especialmente cuando la experiencia en el país vecino indica que el modo en que intervino el Gobierno no sólo no resolvió los problemas de liquidez de los bancos, sino que además afectó de forma negativa a la reputación del sistema. Además de las manifestaciones explícitas de apoyo por parte del Gobierno, el sistema Uruguayo todavía cuenta con una elevada liquidez, en general, sumado a la significativa participación de bancos extranjeros en la estructura accionaria y administración de importantes instituciones. Las operaciones de los bancos extranjeros son sumamente pequeñas en comparación con las de sus casas matrices y en general están muy vinculadas a una línea de negocios muy sensible como es la de banca privada. Por lo tanto, contrariamente a lo sucedido en Argentina, es de esperar que las casas matrices apoyen a sus filiales ante casos de iliquidez transitoria.
Si los problemas económicos del país no se tratan de manera adecuada, sin embargo, el sistema financiero podría continuar bajo presión. La experiencia Argentina muestra que en las crisis bancarias inducidas por el gobierno, y ante amenazas de derrumbe financiero, el grado de respaldo por parte de las casas matrices extranjeras para con sus subsidiarias varía significativamente entre las instituciones.
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