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Este año la convocatoria de IDEA difirió en algo de las anteriores, en las que se trataba temas que hoy parecen tan lejanos como: el Investment Grade, cómo llegar a un PBI de u$s 14.000 anual per cápita y a exportaciones anuales de u$s 70.000 millones, y otros signadas por el optimismo de tiempos recientemente idos.
En la apertura del coloquio Oscar Vicente, presidente de IDEA de algún modo parafraseó un conocido chiste («Venite llorado»), al decirles a expositores y participantes por igual que en los tres días que durará el encuentro «está prohibido deprimirse: no quiero oír quejas sino propuestas concretas». No hubo aplausos, ni siquiera sonrisas. Tampoco despertó simpatía entre la audiencia el hecho de que el comienzo de la sesión inaugural se retrasara por la demora (finalmente nunca llegó) del intendente local, David Katz. «Otra vez un político interfiriendo en la actividad privada», dijo un alto ejecutivo de una líder informática sin demasiada intención de sonar gracioso.
En cambio, no dejaron de sorprender algunas presencias: la ex ministra Graciela Fernández Meijide decidió no pasar inadvertida, dado que fue una de las primeras en formular (por escrito) una pregunta a uno de los expositores. Curiosamente, se refería a la lista sábana. Rubén Butvilofski, VP de Nextel, decidió que era demasiado para él: se levantó y salió del salón (algunos más lo siguieron).
En el «coffe break», Meijide sólo logró juntarse para compartir cotilleo y pocillos con otros «ex» aliancistas: Juan José Llach y José Ignacio López, con la «coordinación» de Joaquín Morales Solá.
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