Roussef durante su campaña aseguró que favorecería a un "Estado fuerte"
Se cumplió un mes desde que Dilma Rousseff asumió la presidencia de Brasil y ya se comenzaron a ver las primeras medidas adoptadas en materia económica y financiera. La sucesora de Luis Ignacio Lula Da Silva asumió con un país que tiene una economía en crecimiento y es considerado como uno de los emergentes más importantes del mundo. Sin embargo, restan cuestiones por resolver y que son dos fantasmas que la mandataria deberá enfrentar durante su gestión: la inflación y la entrada de capitales con la consecuencia de pérdida de competitividad.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Roussef durante su campaña aseguró que favorecería a un "Estado fuerte" en áreas estratégicas, pero el tiempo le dará la razón o no. Por lo pronto en los primeros 30 días de presidencia las medidas adoptadas, son una fuerte señal de que no quiere recalentar la economía, tal cual lo prometió.
El pasado 19 de enero el Banco Central de Brasil anunció el aumento de la tasa de interés referencial de la economía de 10,75% a 11,25% anual. Con esta decisión la tasa se ubica en su mayor nivel desde comienzos de 2009 y es una de las medidas que apunta a contener la Inflación.
Durante los ocho años de mandato de Lula Da Silva, el crecimiento de la economía fue asombroso pero algunos le reprocharon que aumentó la desigualdad. Rousseff prometió revertir esto, aunque la inflación es una piedra en el zapato. En lo que va del año, según refleja un sondeo del Banco Central, los analistas financieros de Brasil elevaron ocho veces el Índice de Precios al Consumidor previsto para el ejercicio fiscal y hoy se estima una inflación anual del 5,64%.
Las decisiones van en camino al objetivo de controlar la inflación pero a la vez aparece otro problema que es la pérdida de competitividad. Es que con el aumento de tasas, el país pasa a ser más atractivo para algunos inversores externos y con ello se profundiza la llegada de dólares a la ya fuerte entrada de capital en el mercado local.
El real subió un 4,3% contra el dólar el año pasado y después de avanzar más de 25% en 2009. El 14 de enero el central comenzó a vender swaps cambiarios adversos por primera vez desde mayo de 2009. La disposición intenta debilitar el precio de la divisa brasileña a futuro y crear condiciones de previsibilidad en el mercado para llevar calma a los inversores.
El sector industrial paulista es uno de los actores más perjudicados por la pérdida de competitividad de su moneda. Poniendo el foco en esto fuentes gubernamentales revelaron que analizan incrementar hasta un 35% las tasas de importación de productos suntuarios. La medida en principio excluirá a productos del Mercosur y tiene como fin beneficiar a los sectores de las bebidas, perfumes y tabaco. Lo que sucede es que si el dólar se deprecia frente al real favorece las importaciones baratas y desequilibra la balanza comercial de Brasil.
El país cerró 2010 con inversiones externas en niveles récord alcanzando u$s 48.462 millones lo que representa un 2,3% del PBI. La cifra, que significa un aumento del 86,7% interanual, refleja por un lado la expansión y el crecimiento del país pero a la vez la fuerte entrada de capitales genera el problema que intenta revertir Roussef.
El Banco Central en los últimos años mantuvo una política de fuerte intervención y 2011 no parece ser la excepción. Durante el año pasado la entidad llegó a comprar u$s 41.000 millones para contener al real, que desde 2003 subió más del 108%.
Seis días después de asumir la mandataria petista ordenó aplicar a los bancos un encaje equivalente al 60% de las posiciones que mantienen en dólares. Las entidades privadas hoy están claramente con una posición vendida que no hace más que contribuir a revalorizar la moneda local. Con esto se pretende poner un tope al arbitraje de tasas y lograr que no haya una sobre oferta de dólares.
Precisamente éste será uno de los puntos que se tocarán, según anticiparon fuentes brasileñas, en la reunión que mantendrán Rousseff con Barack Obama cuando en el mes de marzo el presidente estadounidense viaje a Sudamérica.
La presidenta criticó la denominada "guerra cambiaria" y responsabilizó a Estados Unidos por la situación que perjudica a la industria de Brasil. Recordemos que la Reserva Federal estadounidense compró títulos por miles de millones de dólares con lo que inundó a los mercados con esa moneda y desvalorizó a otras en el afán de favorecer sus exportaciones.
Dejá tu comentario