Anoche Diputados aprobaba la nueva y peligrosa Carta Orgánica del Banco Central: se lo habilita a imprimir moneda sin respaldo de reservas y da amplios poderes para emitir también para asistir a bancos sin liquidez. Al revés de todos los países que entraron en crisis y devaluaron, Brasil y México por ejemplo, aquí en lugar de dar más independencia del poder político, se vuelve al Banco Central de los '80, que puede financiar al gobierno con "adelantos transitorios" que luego se convierten en eternos.
La Cámara de Diputados convirtió anoche en ley la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que habilita a la autoridad monetaria a emitir moneda sin respaldo de reservas. Las previsiones indicaban que habría una sesión en Diputados tranquila, ya que peronistas y radicales habían acordado aprobar el proyecto de reforma enviado por el gobierno, como terminó pasando. Así ocurrió en el Senado, donde recibió media sanción. Sin embargo, a poco de comenzar ayer por la tarde el debate en la Cámara baja, las interrupciones, en ocasiones airadas, marcaron que habría un trámite árido, por lo menos en la primera parte. Todo lo cual no pudo impedir que la nueva alianza tejida entre el peronismo duhaldista, el radicalismo alfonsinista y sus socios menores, el Frepaso, lo terminaran sancionando.
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Mientras el radical neuquino Víctor Peláez, uno de los informantes del proyecto, aseguró que el inciso b) del artículo 17 sirve «para otorgar mayores garantías», una enfática Elisa Carrió -como parece ser el sello de sus intervenciones-lo interrumpió para, en nombre del ARI, afirmar que «esto suma más estatismo», y reiterar que votaría en contra. Toda una novedad este argumento liberal en la ahora diputada porteña, otrora chaqueña.
En cambio y al contrario de Peláez, el bloquista de San Juan (enrolado en la Alianza y ex ministro de Hacienda de la provincia) Julio César Conca se pronunció en contra del proyecto alegando que su postura debía interpretarse «porque no da límites a la emisión». Un aliancista que decidió saltar el cerco para rebelarse contra las directivas partidarias.
Distinto, claro, al frepasista tucumano JoséVittar, alineado verticalmente con sus socios radicales, y ahora también el peronismo oficialista, que comenzó a dar razones para justificar el voto de su bancada en favor de la reforma. Estaba en esto cuando fue interrumpido por Mario Cafiero -no confundir con el frepasista Juan Pablo, vicejefe de Gabinete de Duhalde y menos aún con el peronista «histórico» Antonio, hoy sentado en el Senado en la banca de Duhalde-que, en nombre del ARI de la Carrió, volvió a manifestarse en contra. No aclaró si también era porque la reforma asegura «un mayor estatismo», opción que su padre votó a favor, quizás evocando los años '50.
El solitario jefe de la UCeDé nacional, el santafesino Carlos Castellani, más coherente con el ideario liberal de su mentor, Alvaro Also-garay, reiteró que «lo mismo que he hecho con la Ley de Emergencia Económica, votaré en contra de esta reforma a la Carta Orgánica del Banco Central. Por principios estoy en contra de la inflación y la devaluación, que este proyecto favorece». Una actitud principista que no pudo evitar la avalancha de votos coaligados en favor de la reforma.
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