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Se afirma que el derecho es una necesidad de los débiles. Los poderosos no necesitan del derecho, porque, por el mero ejercicio de su poder, obtienen lo que consideran justo. Pero, los débiles, que no tienen poder para obtener justicia, necesitan de la existencia y vigencia de reglas a las que toda la sociedad está sometida. El derecho es su única garantía.
El Estado moderno es un Estado sometido a la ley, lo cual es presupuesto esencial de la sociedad moderna capitalista. Esto es imprescindible porque el Estado es el sujeto más poderoso de la sociedad. Si no está sometido a la ley, su enorme poder sin límites lo convierte en un dictador imprevisible.
La sociedad capitalista implica una liberación de todas las posibilidades individuales y sociales, en todos los órdenes de la actividad humana. Implica también la acumulación del capital, mediante el ahorro y la inversión en empresas y la consecuente generación de empleo y bienestar. Pero todo ello está condicionado a que el Estado sea previsible y esté sujeto a la ley. Nadie ahorra ni invierte, cuando el más poderoso de la sociedad es imprevisible, porque puede hacer lo que quiere.
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