Una recorrida de varios funcionarios de seguridad, acompañados de otros miembros del gabinete, por cualquiera de los vastos cementerios cercanos impondría de la novedad sobre una paz absoluta. Sin desvíos, sin quejas, sin manifestaciones, sin alterar el orden, sin inflación y sin dispararse del dólar. Imaginamos, en tal escenario, a solícito secretario escribiendo: «Gran apoyo a la gestión. Lo que demuestra lo acertado de las medidas, etc...». Es utópico, es grotesco el ejemplo, no tanto si se advierte que en planos oficiales tienen ganas de brindar por una inflación del semestre que está por debajo de la devaluación, mucho más de lo que cualquiera percibe (por obra y gracia de estadísticas con «agua bendita» adicional). El país en total parálisis, descontento en casi todos los frentes, mercados que están en una fosa común con el circuito financiero y bursátil, en una «securitización» fatal: que amalgama lo bancario, y lo bursátil, para forjar una plomada. Pero, con inflación de 4% y acumulado fantástico de 25% para el año, sólo falta festejar por recaudación «igual» a junio 2001: el detalle que falta es que, antes, eran dólares de un peso.
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El Banco Central es la caja de sorpresas para todos. Su política errática (y errante) siempre termina con los pisos del dolar más arriba: ergo, afirma la tendencia. En tanto, juguemos en la Bolsa mientras no aparezcan Bush y Soros a diagnosticarnos algo nuevo. Por ahora, se entretienen en la casa de al lado y donde hay olor a quemado... otra señal de alta preocupación (que Brasil se derrumbe y que salga campeón de fútbol). Vamos subiendo la cuesta...
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