Europa está buscando a su Alan Greenspan
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Hay dos preguntas importantes a las que Duisenberg debe responder. Primero, ¿cree el BCE que existe el peligro de recesión en Europa, y aliviará su política monetaria para ajustarse a eso? Segundo, ¿renunciará Duisenberg antes de cumplir su período de ocho años? En ninguno de esos temas ha dado información clara y, ante la falta de una decisión, las negociaciones políticas para ocupar la presidencia del BCE ya comenzaron.
Para un hombre como Trichet, que pasó una vida abriéndose camino a través de la selva de la política administrativa francesa, se trata de un cargo humillante. Los funcionarios públicos franceses tienen una alta opinión de sí mismos, generalmente justificada. Ellos esperan ser llamados a dirigir cosas importantes.
Pero hay dos grandes problemas con Trichet. Uno, que es investigado por su participación en la casi bancarrota de Credit Lyonnais SA. Dos, que ha sido presidente durante una época de bajo desempeño de la economía francesa. (Es cierto que Francia anduvo mejor que Alemania o Japón, pero no si se la compara con otras grandes economías.)
Como jefe del Tesoro francés entre 1987 y 1993, Trichet fue el representante del gobierno en la junta directiva del Credit Lyonnais. Puede haber sido un testigo inocente, pero ese banco tuvo que ser rescatado con unos 17.000 millones de euros ($ 15.000 millones) de dinero público.
Eso no suena como antecedente apropiado para dirigir todo el sistema bancario de la eurozona. Sería como si los británicos nombraran a Nick Leeson, responsable de la quiebra de Barings Plc, el más antiguo banco de negocios del país, para administrar el Banco de Inglaterra, o que el presidente George W. Bush contratara a alguno de los fracasados operadores de Wall Street para reemplazar a Alan Greenspan.
Corrupción
Peor aún, el juicio al ex ministro francés de Relaciones Exteriores, Roland Dumas, por cargos de corrupción, reveló cuán bajo cayó el gobierno de François Mitterrand durante sus últimos años. Por cierto que nadie vinculado a él puede convertirse en presidente del BCE; el empecinamiento y la miopía son cualidades lamentables pero superables en un presidente de banco central; la sospecha de corrupción, no.
Hasta los franceses parecen sospechar que Trichet puede ser un producto dañado para siempre. En los últimos días han estado buscando alternativas. Surgieron dos nombres: Laurent Fabius, actual ministro de Finanzas de Francia, y Jean Lemierre, que maneja el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo. ¿Pero por qué limitar la elección a los funcionarios y a la elite política francesa? Europa es grande, con muchos talentos distintos. Hasta la misma Francia tiene más para ofrecer que funcionarios públicos de carrera y políticos veteranos.
Greenspan no fue un funcionario de carrera del banco central de Estados Unidos antes de hacerse cargo de la Reserva Federal. Y el Banco de Inglaterra, antes de Sir Edward George, acostumbraba a elegir a sus gobernadores en la City, no de entre sus propias filas ¿Por qué no debería el BCE considerar la candidatura de Jean-Marie Messier, que transformó a Vivendi Universal SA de una antigua empresa cloacal en una de las principales firmas mundiales de medios de comunicación? ¿O Michel Pebereau, quien como presidente ejecutivo de BNP Paribas SA empezó a reformar y modernizar el sector bancario francés? Afuera de Francia, ¿qué tal Emilio Botín, quien como copresidente de Banco Santander Central Hispano SA creó uno de los mayores bancos nuevos de Europa?




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