16 de agosto 2004 - 00:00

Europa realista: fin para una época de poco trabajo

Europa realista: fin para una época de poco trabajo
Francfort, Alemania - Es agosto en Europa, lo cual significa que si usted no es salvavidas, atleta olímpico o vendedor de helados florentino, probablemente está de vacaciones. París, Berlín y otras atestadas metrópolis se han vaciado, mientras los residentes se abandonan a un rito europeo anual: la larga siesta de verano.

Este año, sin embargo, los alemanes y los franceses quizá no encuentren mucha paz mientras se refugien en sus villas toscanas y casas de playa en Mallorca. Su amado estilo de vida europeo, con su semana laboral de 35 horas, frecuentes días feriados y vacaciones de seis semanas, está bajo amenaza como nunca antes.


En Francia, el gobierno de Jacques Chirac ha sopesado revocar la semana obligatoria de 35 horas del país, lo cual permitiría a los patrones demandar horarios más largos a sus empleados. En Alemania, los gigantes industriales DaimlerChrysler y Siemens recientemente obligaron a sus sindicatos a firmar contratos que alargan las horas laborales sin incrementar los salarios.

¿Europa, la renuente cuna del calvinismo, está siendo forzada a adoptar la ética laboral protestante de Estados Unidos?
«No es que nos estemos volviendo más anglosajones -dijo Frank Schirrmacher, director y editor del periódico alemán «Frankfurter Allgemeine Zeitung»-. Es que estamos teniendo que enfrentar la realidad.» Pero aunque los europeos están reconociendo a las fuerzas económicas que están conduciendo a horarios de trabajo más largos -la competencia que representan países con bajos salarios en Europa Oriental y Asia; una población en envejecimiento con menos personas en la fuerza laboral; la aplastante carga financiera de los generosos beneficios sociales de Europa- esto no significa que acepten los costos sociales. Al menos no sin pelear.

• Equilibrio

Para los europeos, un equilibrio adecuado entre trabajo y juego es más que un beneficio marginal de la prosperidad. Es crítico para una forma de vida que la mayoría de la gente aquí, lo confiesen o no, cree que es superior a la estadounidense: menos apresurada, menos materialista, menos deshumanizada. Con más tiempo libre, continúa el pensamiento, los europeos pueden dedicarse mejor a sus familias, contribuir a sus comunidades y cultivar su mente. Los estadounidenses, atrapados en la frenética persecución del éxito, las mansiones y los vehículos utilitarios que vienen con él, no tienen tiempo para enriquecer su vida. «Los estadounidenses definen la libertad como autonomía y movilidad, lo cual requiere amasar riqueza», dijo Jeremy Rifkin, escritor estadounidense que ha publicado un libro con el título «El sueño europeo: cómo la visión de Europa del futuro está eclipsando el sueño americano», lo cual aclara su inclinación. «Los europeos definen libertad en comunidad: en pertenencia, no con pertenencias. Dan mayor importancia al descanso e incluso al ocio. Nosotros consideramos que el ocio es casi un pecado, como holgazanería».

Para algunos aquí, el debate sobre las horas laborales no puede separarse de un debate más amplio sobre lo que significa ser europeo. La semana laboral más corta fue diseñada para reducir la alta tasa de desempleo en Alemania, Francia y otras partes distribuyendo el trabajo entre más personas. Chirac y otros arguyen que la semana de 35 horas ha hecho poco por aliviar el desempleo y ha dejado a Europa debilitada. Pero los políticos no han convencido a la gente de apoyar más un sistema de libre mercado, con su separación darwiniana de ganadores y perdedores. Algunos argumentan que horas laborales más largas, lejos de hacer a Europa más productiva, la llevarían a la ruina.

«Si uno trabajara en Europa como lo hacen en Estados Unidos, con sólo dos semanas de vacaciones, mucha de la industria turística colapsaría», dijo Daniel Cohn-Bendit, otrora estudiante radical que representa a Francia en el Parlamento Europeo. «Nuestra sociedad está organizada alrededor del trabajo y el juego.»

La cuestión, por supuesto, es si esa sociedad es sostenible. En muchas formas, los hábitos de trabajo de Europa son una anomalía de la era de posguerra, un producto de la confluencia feliz de paz, nuevas tecnologías y una población juvenil. Con Estados Unidos proporcionando un paraguas de seguridad global, los europeos pudieron eludir el arduo trabajo de mantener un complejo industrial-militar.

Ahora, con una población en rápido envejecimiento, la competencia de una economía global y nuevas cargas militares desde Afganistán hasta los Balcanes, los europeos jóvenes saben que tendrán que trabajar más que sus padres. «Recordaremos el tiempo entre 1950 y 2000 como una especie de paraíso», dijo Schirrmacher, quien acaba de publicar un libro en Europa sobre los costos de la población en envejecimiento de Alemania. «Somos víctimas de una ideología», dijo, refiriéndose a la obsesión de Europa por el descanso. «Es casi como los carteles de Stalin en la Unión Soviética, con todos los trabajadores felices en acción.» Un pensamiento revelador, que algunos europeos bien podrían refutar. Pero sólo hasta el mes próximo, por favor.

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