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20 de octubre 2008 - 00:00

Europa y EE.UU., tras cumbre presidencial

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París (AFP) - Frente a la peor crisis desde 1929, los europeos y los estadounidenses decidieron organizar no una sino varias cumbres internacionales, la primera de las cuales se celebrará probablemente en noviembre en Nueva York, capital financiera mundial.

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El presidente francés, Nicolas Sarkozy, George W. Bush y el máximo responsable de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, acordaron el sábado en Camp David celebrar cumbres con otros líderes mundiales para «responder a las dificultades de la economía mundial».

En la primera de estas cumbres de jefes de gobierno se analizará la crisis financiera actual y se enunciarán los principios de las reformas que necesita el sistema financiero para que no se repita la situación presente. Las demás servirán para aplicar las medidas decididas. El primer encuentro se organizará en Estados Unidos, «poco después de las elecciones presidenciales» del 4 de noviembre, quizá en Nueva York, ya que el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, se ofreció para acogerlo.

Sarkozy es partidario de incluir a los países del G-8 ( Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá, Estados Unidos, Rusia, Japón, Alemania) y del G-5 ( China, la India, Sudáfrica, México y Brasil), además de «un país árabe». No obstante, la «troika» parece discrepar en torno al nuevo orden financiero mundial.

  • Propuesta

  • La UE quiere una reforma profunda del sistema actual, algo así como un segundo Bretton Woods, los acuerdos que en 1944 sentaron las bases del sistema financiero actual.

    Los europeos proponen una supervisión mundial de los mercados, que confiarían al Fondo Monetario Internacional (FMI). Por el contrario, Bush se muestra reticente a reformar de cabo a rabo el sistema y considera «esencial que preservemos los fundamentos del capitalismo democrático», porque cree «firmemente en la libertad de los mercados». Sarkozy quiere aprovechar la coyuntura para construir «el capitalismo de mañana», o sea para cambiar las bases.

    Una opinión que comparte el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien reclamó ayer «una regulación más estricta y una supervisión internacional, al menos en el ámbito de la Unión Europea».

    Canadá, por su parte, abogó por la prudencia para no generar «daños permanentes en el sistema financiero», según el portavoz del primer ministro Stephen Harper.

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