Final a la bolivariana utopía del gasoducto Caracas-Buenos Aires
Triste, solitario, final. Así terminó, aunque ya venía en agonía, el proyecto faraónico y bolivariano que montó Hugo Chávez -asociado a su colega Néstor Kirchner- de un megagasoducto que pensaba unir Caracas con Buenos Aires (para resolver, claro, todos los padecimientos energéticos al sur de Venezuela). Una utopía regionalista desde el principio que la acabó ayer el titular de Petrobras, José Gabrielli, anticipando el retiro de su empresa de un área gasífera de Venezuela (gas que, se suponía, iría en esa cañería gigantesca). Se supone también -en el marco de una innegable tensión-que Brasil no aceptará imposiciones chavistas en sus campos de explotación. Otra no menor entonces pérdida de tiempo de los gobiernos, por no hablar del dinero gastado en estudios y proyectos. Chávez le echará la culpa al imperialismo brasileño, también a la influencia colonial del rey de España, mientras en la Argentina -que ya había contribuido a desfigurar la iniciativa al manifestar que prefería depender del gas de Bolivia-le hará un homenaje al Copérnico nacional, geógrafo incomprendido que trazó una línea recta entre dos puntos, Caracas-Buenos Aires, para demostrar en un mapa del subcontinente que ésa es la traza más corta. Será el único y gracioso aporte que quede de ese proyecto.
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Gabrielli aseguró también que no habrá recortes en el suministro de gas luego de las interrupciones que afectaron en las últimas semanas a la industria de San Pablo. Sin embargo, el propio presidente Lula da Silva reconoció el lunes que si hay sequía en las represas hidroeléctricas, el gas deberá reorientarse a las generadoras térmicas, aunque esto implique limitaciones a la industria. Según el titular de Petrobras, «es una crisis falsa», y agregó que los consumidores industriales podían escoger contratos que garantizaban el suministro ininterrumpido de gas, pero muchos optaron por no pagar el costo adicional por eso.
La decisión de Petrobras de retirarse de Sucre en Venezuela confirma que el Gasoducto del Sud, enorme cañería que uniría Caracas con Buenos Aires, pasando por Brasil, no tiene ya chance. A Lula nunca le interesó el costoso proyecto, ni el plan de integración impulsado por Chávez. Ahora, aunque todavía falten años de desarrollo, Brasil encontró reservas de gas y petróleo, que le permiten mantenerse a distancia de Venezuela.




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