Alberto Fernández, Martín Guzmán y los negociadores argentinos ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) saben que tendrán en Roma y Glasgow una última oportunidad. La Cumbre del G20 que se desarrollará el próximo sábado y domingo en la capital italiana, y la cumbre del Clima que se realizará unos días después en la ciudad escocesa, serán los próximos encuentros donde se crucen con los más altos responsables de tomar decisiones en los países más desarrollados del mundo; y los que, en consecuencia, detentan la mayoría de los votos en el board del organismo que maneja Kristalina Georgieva.
Saben además que luego de la tarjeta amarilla que recibió la búlgara antes de comenzar hace 15 días la Asamblea Conjunta Anual del FMI y el Banco Mundial, más que nunca la resolución final sobre si se la ayuda o no a la Argentina a lograr algún tipo de ventaja competitiva ante un eventual Facilidades Extendidas está en manos de los países y no ya en la conducción del Fondo. Será entonces en Roma y Glasgow donde los funcionarios argentinos tendrán las últimas oportunidades para encontrarse con los líderes mundiales para intentar lograr el apoyo en el board; comenzando por la reunión que en Escocia eventualmente se logre con Joe Biden.
Antes, en Roma, habrá que convencer a los líderes europeos hasta hoy remisos de votar a favor del país, y sin cuyo sufragio sería difícil que el Facilidades Extendidas reloaded se consiga. La primer confirmación sobre las cumbres de Roma llegó ayer por la tarde, cuando desde Washington se comunicó sobre la reunión reservada que el Presidente y el ministro de Economía mantendrán con Georgieva. Será la oportunidad de tener certezas cruzadas. Para la búlgara, sobre si desde Buenos Aires se terminó de elaborar el demorado “plan económico” que se viene prometiendo desde hace semanas. Desde el lado de los argentinos, sondear cuan profundo es hoy el poder real de Georgieva, luego del affaire China.
Como se sabe en Buenos Aires, sólo reduciendo los intereses que se le aplican a casos complejos como el argentino (por incumplidor) del 4,05 al 1,05; el Facilidades Extendidas podrá tener el apoyo del kirchnerismo en el Congreso. Sin esa concesión, el acuerdo corre serios riesgos de concretarse.
Para esto, el apoyo de los Estados Unidos es lo primero que deberá lograr Argentina. Sólo con el voto positivo de este país ante el board, Argentina obtendría los cambios que busca. Sucede que EE.UU. detenta el 17% de los votos en el directorio del FMI, y los cambios a la estructuralidad habitual necesitan una mayoría amplia del 85%. Argentina considera que sin este país, ya se obtendría más del 60% de los votos positivos, al estar teóricamente garantizados los apoyos de Alemania, Francia, España, Italia y otros estados europeos que traccionarían a favor del país. Se sumarían Rusia, China, los países árabes (especialmente los del Golfo Pérsico, con presencia fuerte en el directorio del FMI), además de, lógicamente, toda América Latina y el África.
Se confía además que se lograrían más consensos con países clave como Canadá y lo que resta de la Unión Europea, con lo que el porcentaje se elevaría a cerca del 70%. Faltaría así conseguir sólo un 10% más para el nivel imprescindible para que una propuesta transgresora de lo que mandan los estatutos pueda ser aprobada.
Cada estado soberano tiene un porcentaje de votos dependiendo de su PBI; reservas y aportes directos al funcionamiento del organismo con sede en Washington. Cualquier acuerdo normal (stand by o Facilidades Extendidas) es aprobado con un porcentaje mínimo del 70%; pero se necesita mayoría del 85% para planes especiales o alteraciones de la Carta Orgánica. En el pasado reciente esta mayoría fue necesaria en las crisis griega de 2010 y la de Portugal de 2011.
La necesidad de lograr ese porcentaje fue lo que le jugó en contra a la Argentina en 2001, cuando se desaprobó en el directorio el último desembolso comprometido en el acuerdo entonces vigente ante la negativa de EE.UU. de avalar la propuesta (por recomendación directa de la número dos de esos años, Anne Krueger); así como la aprobación del pacto de 2003 cuando Néstor Kirchner negoció directamente con George Bush un plan de cuotas por fuera de los tratados vigentes según la Carta Orgánica del FMI.
En el caso actual, también se hace imprescindible que el director norteamericano avale el pedido, ya que su voto a favor o en contra (o su abstención) definirá la suerte de la propuesta argentina. En total el board está integrado por 24 directores ejecutivos que representan porcentualmente diferentes niveles de poder dentro del organismo. Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido pueden elegir un director sin ayuda de ningún otro país. China, Arabia Saudí y Rusia eligen de facto un director cada uno; mientras que los 16 restantes lo eligen según bloques de estados. Argentina, a través del enviado local, Sergio Chodos, ocupa el grupo con Bolivia, Chile, Perú, Paraguay y Uruguay.
Los funcionarios argentinos viajarán a Roma el jueves, y comenzarán a mantener reuniones el mismo día. No hay minutos que perder.
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