Sergio Massa intentará aprovechar el muy buen momento que se vive en la relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para extender en el tiempo un mecanismo que resultó, para ambas partes, positivo en la manera de encarar las fiscalizaciones contenidas en las misiones del organismo para controlar la marcha del Facilidades Extendidas. El ministro de Economía le pedirá a los hombres y mujeres que acompañan al jefe del caso argentino, Luis Cubeddu, que la recaudación de datos, elementos y porcentajes para determinar si el país aprueba o no los exámenes trimestrales continúe ejecutándose de manera virtual.
Esto implica que los contactos sean a través de pantallas de computadoras con funcionarios argentinos presentes desde Buenos Aires y técnicos del organismo controlando vía zoom desde sus despachos de Washington. Sólo cuando avance la misión y en el momento de cerrar las negociaciones habría contacto cara a cara; pero este no se concretaría en la Argentina sino en Washington, aprovechando las asambleas conjuntas del FMI y el Banco Mundial de primavera (abril) y otoño (octubre), momentos en los que por tradición los ministros de Economía y presidentes de los Bancos Centrales concurren como participantes. Y en el caso de que no haya estos eventos en agenda para cerrar las revisiones de las misiones trimestrales, sería el ministro y su equipo el que se trasportaría a la capital de los Estados Unidos para cerrar las metas y objetivos, siempre en la sede del organismo.
Suponen desde el Palacio de Hacienda que la gente del Fondo no podría mayores trabas a la inquietud, dado que en las tres primeras revisiones del Facilidades Extendidas se utilizó este mecanismo exitosamente. La primera con Martín Guzmán de ministro (quién inventó este tipo de fiscalizaciones virtuales bajo el amparo de la pandemia y como mecanismo para ocultarle a los fiscalizadores del Fondo la crisis política interna). Duespués fue Massa el que en septiembre y octubre concretó las reuniones vía zoom para luego cerrar las metas (waivers incluidos) en Washington.
EL objetivo de este tipo de instrumentación de las misiones trimestrales es bastante obvio. La idea de sostener el esquema planteado para estas dos misiones tiene una intencionalidad política detrás. Saben en Buenos Aires que las reuniones virtuales con finales de negociación en Washington, no en Argentina, evitan una imagen de la que el Gobierno quiere escapar: la de funcionarios del FMI circulando por oficinas públicas de todo tamaño e importancia, mostrándose fiscalizadores y tomadores de exámenes de los diferentes hombres y mujeres con responsabilidades económicas, monetarias y financieras importantes. El problema no serían las fotos con los funcionarios citados. Las dificultades insalvables aparecerían cuando el Fondo deba ingresar en edificios donde por cuestiones más ideológicas que técnicas no son bienvenidos, y deban pasar malos momentos. Los que luego puedan traducirse en castigos escritos en los textos de presentación de los resultados de los exámenes trimestrales.
La idea de continuar con las misiones virtuales será tratada formalmente cuando Massa y sus funcionarios viajen a Washington para participar de la cumbre de otoño del FMI y el Banco Mundial, que se desarrollará en la capital de los Estados Unidos entre el 10 y el 16 de octubre próximo. Como se sabe que las metas están aprobadas a partir de lo que se informó el viernes pasado, la presencia de ministro y su equipo en la sede del Fondo servirá para tratar cuestiones de mediano plazo. Incluyendo mecanismos metodológicos del Facilidades Extendidas, como la fórmula de continuar con las fiscalizaciones.
Las negociaciones con esta metodología fueron comandadas por el jefe de asesores del ministro, Leonardo Madcur, y el venezolano encargado del caso argentino en el organismo, Luis Cubeddu. Ambos mantuvieron durante largas jornadas diarias reuniones de cruces de datos, metas, porcentajes y números, donde además circularon funcionarios locales que explicaban sus posiciones; mientras que del otro lado de la computadora surgían cuestionamientos varios y requerimientos de más o menos información.
Se recuerda que en ciertos tramos desde Washington aparecía la imagen de la número dos del FMI, Gita Gopinath, y el director gerente para el Hemisferio Occidental, Ilan Goldfjan, los máximos responsables técnicos del organismo. Mientras que en Buenos Aires aparecían sucesivamente Massa; el viceministro Gabriel Rubinstein; el secretario de Finanzas, Eduardo Setti; Lisandro Cleri, el hombre de Massa en el Banco Central; y el secretario de Hacienda, Raúl Rigo. En general, se asegura, el clima siempre fue bueno y ciertamente optimista para las dos partes, lo que verdaderamente se reflejó en los resultados finales con la aprobación de las misiones. Al menos lo que quedó en claro es que ninguna de las dos partes quiso patear el tablero.
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