Fueron paradójicas las terminantes declaraciones que produjo ayer el secretario de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell, con referencia a la Argentina. No tanto por la dureza de su contenido sino por el contexto en el que fueron pronunciadas. Powell habló en el Consejo de las Américas, un «think tank» que preside William Rhodes (Citi-bank) y en el que Alan Stoga se desempeña como titular «pro tempore» (acting president).
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Importa el dato de Stoga porque es alguien a quien la Argentina no le resulta indiferente. Hace pocas semanas fue contratado por el Ministerio de Economía para mejorar la imagen del país en los Estados Unidos. Quien lo eligió fue Jorge Remes Lenicov, a quien se lo recomendó Eduardo Amadeo. Stoga es socio para esa tarea estética de Silvia Mercado, encargada de prensa de Remes y álter ego mediático de Amadeo.
A propósito de estas relaciones, el ex ministro de Economía fue invitado al simposio «Nuevas realidades en el hemisferio» y estaba previsto que hablara ayer en un panel integrado por el secretario de Finanzas de México, Francisco Gil Díaz, y por el ministro de Finanzas de Canadá (y presidente temporario del consejo de ministros del G-7), Paul Martin. Pero Remes no concurrió y ayer se encontraba en La Plata, aprovechando el tiempo libre para visitar a viejos amigos.
Es evidente que el consultor Stoga no logró, seguramente por falta de tiempo, su cometido: Powell caracterizó a la Argentina como un país corrupto, con una clase política poco transparente y una Justicia politizada. Menos mal que en Washington no estaba Remes -debería haber desmentido al secretario de Estado-y que Stoga ya perdió, desde que llegó Roberto Lavagna, su contrato con la Argentina. De lo contrario, Powell lo hubiera hecho quedar como un caso más de la «truchada» nacional que él está denunciando.
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