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Jean-Pierre Raffarin, primer ministro de Francia, está decidido a dar marcha atrás con la controvertida ley de las 35 horas de trabajo semanal para sacar a Francia del estancamiento económico y de su elevado desempleo.
Una comisión parlamentaria, integrada principalmente por legisladores de la mayo-ría actualmente gobernante, estimó en abril último que la ley protegió o creó 350.000 empleos a un costo de 23.000 euros (u$s 28.437) por cada uno, tres veces más de lo que cuestan los subsidios corrientes.
«Todo lo que conseguimos por el momento es mucha palabrería y nada de acción», dijo ayer en conferencia de prensa Ernest-Antoine Seilliere, presidente de Medef, la mayor federación empresarial francesa. «Esa es una de las razones por las cuales nuestras compañías tienen problemas para competir internacionalmente», agregó.
Medef quiere que las compañías o los grupos industriales tengan la libertad para negociar alternativas a las restricciones de horas laborables. Medef representa a 800.000 empresas del país.
Una organización de pequeñas empresas, la Confederación General de las Pequeñas y Medianas Empresas, encargó el sondeo de Ipsos, consultora con sede en París que entrevistó a 952 votantes registrados los días 2 y 3 de julio, recabando una muestra representativa de la población francesa en general.




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