Fuerte pelea en gobierno por temida Ley de Abastecimiento
A pocas horas de asumir el nuevo equipo económico, se desató una fuerte pelea por el intento de aplicación de la polémica Ley de Abastecimiento. El secretario de Comercio, Pablo Challú, impulsó sorpresivamente la aplicación a través de un decreto de necesidad y urgencia como mecanismo para frenar la suba de precios. La noticia generó temor entre productores y distribuidores y obligó ayer al Ministerio de Economía a descartar de plano su utilización. Inclusive, se hablaba anoche de que el traspié de Challú lo dejó tan mal parado ante el ministro Roberto Lavagna, que podría costarle el cargo.
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«No está en nuestros planes aplicar esa ley ni es parte de nuestra filosofía instrumentar controles de precios» , dijo un hombre cercano a Roberto Lavagna.
La semana pasada, ante una consulta de Comercio, la Procuración General de la Nación había dictaminado que la vieja Ley de Abastecimiento ya no estaba en vigencia, por haber sido derogada en tiempos de Domingo Cavallo (cuando Carlos Menem era el presidente). De ahí el envío a Eduardo Duhalde, para lograr rehabilitarla mediante un decreto de necesidad y urgencia.
La «Secretaría de la Desregulación, la Competencia y la Defensa del Consumidor» (nombre que conserva Comercio, impuesto por Carlos Winograd, antecesor de Challú) estaría entonces negando su propio título, ya que los controles de precios de ningún modo contribuyen a la desregulación y mucho menos a la competencia. El organismo anunció también que «se darán a conocer precios indicativos de los productos para orientar al consumidor en sus compras». Para ello emitirán resoluciones referidas a los precios de referencia o indicativos, que «permitirán que el consumidor tenga una idea concreta de a qué precios debe atenerse antes de adquirir una mercadería o servicio», se esperanzó la fuente.
Desde hace casi dos meses Comercio está intentado -hasta ahora sin éxito- dos estrategias para tratar de tapar el cielo con un harnero: la conformación de una «canasta básica» en la que supermercados y proveedores deberían ponerse de acuerdo, para vender un set de productos a precios bajos. La otra es lograr que las grandes cadenas de comercialización informen de manera semanal los precios a los que venden centenares de productos, para a su vez publicar los listados correspondientes. Seguramente a esto último se refiere la intención de que «el consumidor tenga una idea concreta de los precios antes de comprar» a la que se refiere el informante de Comercio. Pero lo cierto es que, por diversas razones y otras urgencias, al menos hasta la fecha los supermercados no informan sus listas de precios».




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