El negocio bancario crecería un tercio de lo que se proyectaba antes de gestarse el conflicto del campo. Por eso los bancos se preparan para un período de ajuste ante la caída de la rentabilidad.
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Ahora bajo un escenario de menor crecimiento y menos volumen de negocios, mayores tasas de interés, y más morosidad, las áreas de planeamiento de los bancos pondrán la atención en los costos y los riesgos de incobrabilidad. Lo comercial pasará a segundo plano, habrá más selección y prudencia a la hora de otorgar nuevos préstamos.
¿Pero podrán compensar los bancos las mayores pérdidas?
Pablo Curat, director de C&ML consultores, considera que «será muy difícil porque la mayoría de ellos sólo tienen dos vías, subir las comisiones -acompañando la suba de gastos, como en los últimos añosy subir las tasas activas -no es tan fácil como pareciera porque tiene un doble impacto negativo, baja la demanda de crédito y sube la incobrabilidad-».
Claro que la crisis provocada con el campo afecta de manera distinta a las entidades financieras.
En el caso de los bancos privados, Curat señala que los efectos adversos provienen de «un mayor costo de fondeo mayorista (suba de tasa Badlar), menos fondeo minorista (caen depósitos a la vista y a plazo fijo de menos de $ 1 millón), menores tenencias de Lebac (caen ingresos financieros) y gastos que crecen a un ritmo de 30% anual».
Mientras que los bancos públicos, aunque tienen menor costo de fondeo «les ha pegado más fuerte la baja nominal del dólar (-5%) porque el descalce en moneda extranjera es 4 veces mayor que en los bancos privados (60% vs. 15% sobre patrimonio neto) y también la caída en el precio de los títulos públicos, porque su exposición es también mayor que la de los bancos privados».
Si bien perdieron todos a raíz de la crisis, bancos públicos y privados, más perdieron las empresas que sufrieron reducciones de los adelantos y descuentos de cheques por $ 750 millones en dos meses; mientras que los individuos, por el momento, han experimentado una desaceleración del crecimiento de los créditos al consumo y menores ajustes en las tasas.
También perdieron más los pequeños y medianos ahorristas que salieron de depósitos a la vista y a plazo fijo y compraron dólares caros, mientras que los inversores institucionales se quedaron y aprovecharon las altas tasas.
Fuga
Otros perdedores son las pymes y las personas no vinculadas a cuentas sueldos, que son los primeros en sufrir la restricción crediticia.
La crisis de confianza se tradujo en una fuga de capitales y pérdida de reservas. Así cayeron los depósitos privados $ 4.000 millones, en particular del segmento minorista, a la vista y a plazo de menos de $ 100.000. En cambio los depósitos del sector público crecieron $ 3.000 millones en mayo y junio. Esto profundizó la diferencia de liquidez entre la banca pública y la privada que no cuenta con depósitos oficiales. Las tasas de interés Badlar subieron 8 puntos en los bancos privados y 3 puntos en los públicos. El mayor costo de fondeo se tradujo en mayores tasas de corto plazo para empresas, 24% anual. Las tasas de interés de los créditos personales, prendarios e hipotecarios también aumentaron.
Antes con la confianza ingresaban capitales, el BCRA compraba dólares, crecían los depósitos y colocaba Lebac. Ahora con la pérdida de confianza y con el modelo funcionando en reversa la recompra de Lebac financia la fuga de depósitos y la venta de reservas. Todo esto conduce a un escenario donde los deudores sufrirán mayores tasas, crecerá la morosidad, y habrá mayor restricción crediticia.
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