El gobierno descartó estar manteniendo negociaciones con Chile por un eventual aumento de precios en sus exportaciones de gas, dijo ayer un portavoz del Ministerio de Planificación. Versiones de la prensa chilena mencionaron la posibilidad de que la administración de Néstor Kirchner traslade al precio que vende a Chile los mayores costos que puedan surgir en los envíos de Bolivia a la Argentina.
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«Es imposible estar hablando con Chile de supuestos futuros aumentos en los precios de las exportaciones, cuando no hay nada resuelto con Bolivia por el gas que nosotros recibimos», dijo el vocero, mientras equipos técnicos de la Argentina y de Bolivia trabajan para evaluar las nuevas condiciones de importación.
El ministro de Planificación del gobierno de Evo Morales, Carlos Villegas, dijo la semana pasada que espera que el precio de exportación a la Argentina suba hasta u$s 5,5 por millón de BTU, desde los actuales u$s 3,18.
Julio De Vido tenía en su agenda ir a La Paz esta semanapara seguir negociandoel nuevo precio, pero el portavoz sostuvo que el viaje se producirá cuando los equipos técnicos de ambos países tengan definidas las negociaciones.
La fuente dijo también que las exportaciones de gas a Chile se encuentran en niveles similares a los del año pasado para la misma época.
Visitante
También ayer el subsecretario de Relaciones Exteriores de Chile, Alberto Van Klaveren, visitó Buenos Aires y se reunió con el vicecanciller argentino, Roberto García Moritán, para preparar un encuentro de ministros en Santiago el 29 de mayo próximo. Una fuente de la Cancillería dijo que el precio de las ventas de gas a Chile no formó parte de la reunión. El gobierno chileno anunció el martes que la Argentina había cortado el suministro de gas industrial destinado al área de la capital trasandina. Por esto ayer, el canciller chileno, Alejandro Foxley, dijo: «Queremos manifestar nuestra preocupación por los recientes cortes de energía, y queremos ver el panorama futuro y pedir una explicación».
El año pasado ese país ya había expresado su «malestar» por anteriores bajas en los envíos. La nueva preocupación se basa en los recortes que a principios de la semana habrían afectado a más de 360 industrias de Santiago, según la prensa chilena.
El reclamo de Chile es que la Argentina no regule a diario sus envíos, en función de su demanda interna, sino que logre establecer una especie de cronograma que permita a los industriales chilenos una mayor preparación para enfrentar planes de contingencia.
Esto en realidad es difícil de concretar porque puede haber imprevistos en la producción o en el transporte, y en menor medida, en la demanda. Por eso lo único que puede ofrecer nuestro país es mantener información «on line» sobre el despacho diario y acerca de las restricciones previsibles.
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