1 de julio 2004 - 00:00

Grave: Directorio del Fondo bajó el pulgar

Se reunió el martes a la noche para tratar dos casos, la Argentina y Colombia. A Colombia le aprobaron las metas y le refinanciaron un préstamo de 2.300 millones de dólares. A la Argentina no y le mantienen la obligación de pagar vencimientos. Actuó impulsado por el G-7 (grupo de los siete países más poderosos del mundo). No le aprobarán la tercera revisión de las metas que debía producirse dentro de 15 días. Pero para no ser tan severo, el Fondo le extendió la posibilidad de aprobarlas hasta setiembre, aunque exige cumplimientos duros. El ministro Roberto Lavagna, que ve concluir la "política de alargamientos" que alimentó durante dos años, enrojecía ayer teléfonos para revertir la situación.

Grave: Directorio del Fondo bajó el pulgar
Estados Unidos había advertido: no vamos a dividir la opinión del Grupo de los Siete. Había sucedido en la primera aprobación de la revisión cuando Japón, el Reino Unido e Italia se abstuvieron (que equivale a votar en contra) en enero último. En febrero, en Miami, advirtió Estados Unidos. En la segunda aprobación, el 22 de marzo pasado, se cumplió: los países del G-7 votaron unidos por la fuerte presión del gobierno de Bush. Pero este martes dijo no, y el directorio no aprobó la revisión de mediados de julio.

De ahí la advertencia primero del embajador inglés en la Argentina, Robin Christopher, y hace dos días de Roger Noriega, subsecretario de EE.UU. para Asuntos Hemisféricos. El gobierno argentino prefirió ignorar al primero y encolerizarse, hasta groseramente, con el segundo.

La exigencia para setiembre es inamovible, dicen en el Fondo. Son 3 puntos:

1)
Arreglo con acreedores de deuda privada argentina hoy en default.

2)
Nueva Ley de Coparticipación con provincias primero, y luego de Responsabilidad Fiscal, pero con un proyecto distinto del actual.

3) Renegociación de los contratos concretada con 39 empresas.

Estos puntos de exigencia tienen detalles importantes para tener en cuenta, algunos de los cuales hasta ahora ni Lavagna ni el gobierno han enfrentado con la seriedad que ahora se exige:

• Deuda: la presión de los acreedores se hizo sentir en los gobiernos de Alemania, Italia y Japón. Rechazan una vez más el hecho de que la Argentina señale que «es la última propuesta y no se negocia más». Por ello es que los bonistas trasladan la presión a sus respectivos gobiernos y se amparan en que esa frase demuestra que «no hay buena fe» ni vocación negociadora. Cabe recordar que para que el FMI apruebe un acuerdo o metas a un país en default tiene que estar «negociando de buena fe» con acreedores.

• Responsabilidad Fiscal:
en el directorio del FMI se recibió un informe negativo sobre este punto de la misión que estuvo hasta hace 7 días en Buenos Aires. No hay castigo alguno para el gobernador de la provincia que se desvíe de los límites para endeudamiento y gasto que se fijen. Incluso van más allá y solicitan, como en el acuerdo original, que una Ley de Coparticipación sea aprobada en el Congreso. Es que ni siquiera el sustituto de la ley fiscal fue aprobado.

• Contratos con empresas de servicios públicos:
estaba previsto que para junio el gobierno hubiera renegociado 39 contratos. Hasta ahora sólo cumplió con el de Aguas Argentinas y el de las telefónicas. Casi nada: el primero de ellos es simplemente un acuerdo transitorio hasta fin de año y los de telefonía se refieren a un sector con un régimen tarifario desregulado. En lo único que en este sentido Lavagna logró comprometer a Néstor Kirchner en China fue en que en las próximas horas se anuncie un entendimiento con distribuidoras de gas y electricidad (11 contratos que irán a audiencia pública) y otros 28 contratos que, sin acuerdo previo con las empresas, se enviarán también a audiencia pública. Se duda de que satisfaga al FMI.

• Declaraciones

En este sentido, las declaraciones de Roger Noriega sobre la Argentina y los piqueteros no fueron casuales. Tampoco la desmedida reacción del gobierno. Incluso el canciller Bielsa el martes, apenas enterado de los dichos del norteamericano, señaló que «siempre sus declaraciones coinciden con momentos en los que se están haciendo negociaciones importantes con el FMI». Es que el funcionario identificado como Noriega había dicho algo menos impactante pero decisivo para entender este desencuentro con el Fondo: «La Argentina sigue sin hacer los esfuerzos que reclama la crisis econó-mica que padeció».

Paradójicamente, la tensión con el FMI siempre coincide con el Presidente en el exterior. La última vez fue en su viaje a España, cuando el Grupo de los Siete votó en forma dividida (se abstuvieron en esa oportunidad Italia, Reino Unido y Japón) al decidir la aprobación de las metas en la primera revisión al acuerdo con la Argentina.

Cabe recordar que este diario informó en su Tapa el martes 15 de junio que la firme postura de Italia, Reino Unido y Japón contra la Argentina ya se le había manifestado a un emisario que el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, envió a Roma para buscar un aval de ese gobierno a la propuesta argentina por el default. En aquella oportunidad, a ese funcionario se le anticipó que el premier Silvio Berlusconi iba a rechazar la propuesta argentina en los organismos internacionales, al igual que Japón, Reino Unido y, eventualmente, Alemania.

En esta ocasión, hay que tener en cuenta que el directorio del FMI no rechaza la tercera revisión del acuerdo, sino que directamente demora su aprobación hasta tanto el gobierno introduzca las mejoras mencionadas.

• Objeciones

Es así que hace 48 horas el G-7 puso severas objeciones a la revisión del acuerdo con el FMI. En consecuencia, la aprobación de las metas del programa acordado con la Argentina aparecía muy improbable en el corto plazo, abriéndose la posibilidad de que el dictamen del organismo se postergue hasta setiembre (una manera elegante de evitar un pronunciamiento negativo).

La información surgió de la mencionada reunión de directorio de ese organismo el martes último, en la que se trataron los acuerdos vigentes con la Argentina y Colombia. Por este motivo es que desde entonces Roberto Lavagna, desde China, donde se encuentra acompañando a Néstor Kirchner, intentó comunicarse con los ministros de Finanzas de los países integrantes del G-7 para que respalden una vez más al país. El titular de la cartera económica canceló reuniones protocolares que tenía programadas en ese viaje para dedicarse a la tarea de modificar un consenso negativo bastante consolidado.

La preocupación adicional del ministro es que, mientras no se logre la aprobación del directorio del FMI a lo actuado por la Argentina (tercera revisión a las metas del acuerdo), los vencimientos que haya con el organismo deben efectuarse con las reservas del Banco Central (este mes son u$s 141 millones y en setiembre u$s 641 millones). Paralelamente, se postergan créditos por recibir no sólo del mismo FMI, sino también del BID y del Banco Mundial, que el martes aprobó u$s 700 millones.

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