Volvieron a la escena los negocios de baja densidad, mucho más en línea con ese comienzo de semana, que en los arrestos de mejoría que se verificaron después. Al llegar a la cuarta rueda, un total de $ 19 millones dejó liberados para las acciones el exacto caudal del lunes: apenas $ 14 millones de efectivo, con otros $ 5 millones en certificados. Y la línea de precios también se aguantó lo suficiente, como para mostrar un vallado a la perforación de los pisos. De todo esto resurgió el desarrollo plagado de lunares operativos, con terminales actuando con luces bajas y una fecha donde el horario habitual se hace insostenible en el tedio. Perdidos velozmente los aumentos a la zona de los $ 30 millones, la intensa volatilidad es ahora más patrimonio del cúmulo de órdenes, que de las cotizaciones. Y se observó un Merval con solamente 0,27% de retroceso, después de haber tocado extremos cercanos entre sí. Desde 973 de mínima, a 981 de máxima, y con el cierre en los 979 puntos. Tan cerca, y tan lejano por momentos, saluda desde la cumbre el número 1.000 del índice: que constituye una meta alcanzable y, sin embargo, esquiva al momento de tener que plantear su tenencia.
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El 2% de alza en Comercial, varias con 1% de caída, algunas muy cerca del neutro, un listado líder que deambuló sin rumbo cierto y con escasas presiones de ambos lados. La oferta, otra vez sosegada, la demanda ausente, un simulacro de mercado que pasó como una sombra. Malo.
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