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En temas mundanos, Mirás y el resto de los obispos recordaron en tono crítico que la Mesa del Diálogo respondió a «un ofrecimiento de la Iglesia de dar marco a quienes quisieran dialogar, pero la Iglesia no convocaba a los dialogantes». Los cuestionamientos apuntaron a poner de manifiesto que «se presentaron 14 proposiciones a aquellos que tenían que llevarlas a cabo, pero no pasó prácticamente nada». También se criticó las actitudes tendientes a imponer monólogos sin ningún tipo de renunciamento y se reclamó que, ahora, se impone «no sólo un cambio de metodología, sino también de óptica».
El obispo rosarino confesó que no sabía cómo calificar la primera etapa del diálogo: «El esfuerzo fue muy grande, y todo el mundo esperaba que la dirigencia política hubiera tenido mucho más en cuenta las propuestas que surgieron allí. Pero no pasó nada».
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