31 de enero 2001 - 00:00

Hay más optimismo por la Argentina

El Foro Económico Mundial cerró ayer en Davos su edición 2001 con más opiniones favorables sobre la mejora de la imagen de la Argentina y sin certezas respecto de cuál será la evolución de la economía estadounidense.

Las nuevas opiniones positivas sobre el país aparecieron ayer en la última jornada del foro por parte del banco de inversión. Merrill Lynch mejoró ayer las perspectivas de crecimiento de la Argentina y se sumó así a las señales positivas hacia el país que se produjeron en los últimos días. Merrill Lynch elevó de 1,3 a 2 por ciento el pronóstico de crecimiento anual para la Argentina en 2001, por considerar que en el cuarto trimestre de 2000 se detectó una mayor fortaleza en la economía. Francis Freisinger, economista senior de Merrill Lynch para Latinoamérica, explicó: «Varios indicadores económicos, financieros y monetarios han sorprendido por su fortaleza en las últimas semanas» y que «el ambiente internacional mejoró significativamente, lo que dio a la Argentina el viento de cola que necesita», sostuvo el especialista.

El banco de inversión se sumó a las declaraciones optimistas para el país que se formularon en el marco del foro económico en la ciudad suiza de Davos.

La estrategia argentina para salir de la crisis ya había merecido elogios del subdirector del FMI, Stanley Fischer, quien aseguró que el país está «saliendo del bache», al disertar en ese Foro Económico de Davos.

Por otra parte, la Argentina fue tomada en varias oportunidades como un ejemplo, en particular sobre cómo los salvamentos financieros preventivos resultan más baratos en términos económicos y menos perjudiciales en lo que respecta a sus consecuencias sociales que las asistencias post crisis. Más allá del tema argentino, los debates de Davos giraron en esta cumbre de la economía mundial en torno de la desaceleración de la economía de los Estados Unidos, y fue precisamente allí donde se produjeron las más fuertes contradicciones del encuentro.

Muchos de los participantes de los debates coincidieron en que la economía estadounidense tendrá un aterrizaje suave este año, que no llegará a transformarse en una recesión y que, por lo tanto, no afectará al resto del mundo. Sin embargo, la principal preocupación de los asistentes es la necesidad de que la Reserva Federal que conduce Alan Greenspan baje las tasas de interés, lo que refleja a las claras las dudas de inversores y analistas sobre sus propias predicciones.

El Foro de Davos sorprendió a los nuevos habitantes de la Casa Blanca acomodándose en sus oficinas, y el presidente George Bush no envió ningún emisario para desentrañar las incógnitas de los analistas sobre su política económica. Otra ausencia notoria fue la de los representantes de las agencias bursátiles de Wall Street, que en los últimos años habían llegado masivamente a las nevadas montañas de Suiza para convencer a los inversores sobre los beneficios de invertir sus fortunas en las empresas de la nueva economía.

Con la explosión de la burbuja de las acciones informáticas, los «traders» se tomaron vacaciones y las empresas de la nueva tecnología se afanaron en apoyar publicitariamente el evento, en un intento por revertir la mala imagen que generó entre los inversores la fuerte caída en los valores de las acciones de esas compañías que cotizan en el NASDAQ.

La cumbre, convocada bajo el lema «sostener el crecimiento e incorporar a los excluidos», tuvo también su faceta política, con las movilizaciones de las organizaciones no gubernamentales y entidades opositoras a la globalización que fueron objeto de una brutal represión de las fuerzas de seguridad suizas.

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