Desde la instalación delnuevo gobierno me he abstenido de emitir opiniones sobre su gestión, ya que noera lógico pedirle resultados a tan corto plazo. Y aunque todavía es muytemprano para formular críticas de fondo a la acción del gobierno, sí esposible y ciertamente conveniente examinar el rumbo que ha tomado y lasposibles consecuencias de su adopción. Me propongo hoy realizar ese examenpreliminar desde el punto de la filosofía liberal, que he defendido a lo largode más de cuarenta años.
En estos momentos losprincipales asuntos a tratar son fundamentalmente tres: la situación económicay social con especial referencia al presupuesto para el año 2001; la paridadcambiaria fija dentro de la Ley de Convertibilidad y la cuasi anarquía políticaque traba la acción del gobierno y perturba al país.
LA SITUACION ECONOMICA YSOCIAL
El gobierno ha mantenidoen sus líneas generales lo esencial de la política económica del gobiernoanterior denominada popular-mente «el modelo». Ello a pesar de que durante lascampañas electorales sus principales dirigentes reclamaban con vehemencia sucambio.
Las nuevas autoridadessiguen sosteniendo la libertad económica, la economía de mercado, la aperturahacia los mercados internacionales y, fundamentalmente, la estabilidadmonetaria. Es éste un hecho positivo que, si no se desvirtúa, constituye unabase sólida para la recuperación del país.
Pero en la aplicación deesa política se está incurriendo en serios errores de apreciación y falta de unrumbo definido y un plan global para enfrentar los problemas. La acción delgobierno se ha limitado hasta ahora a atender las necesidades inmediatas, sinpreocuparse por el mediano y largo plazo.
En particular no haenfrentado los dos más graves problemas del momento actual: la recesión y eldesempleo. La solución de éstos requiere una clara determinación de las causasque los provocan y la adopción de políticas integrales con los que nada tienenque ver las ideas superficiales que actualmente se están esbozando.
Muchos creen que lareactivación de la economía se producirá a corto plazo y algunos hastaadelantan la fecha en que se manifestará. Lo mismo ocurre con el desempleo,aunque en esta materia la desorientación es todavía mayor. Nadie dice por quése reactivará la economía ni mucho menos por qué disminuirá la desocupación.
EL PRESUPUESTO NACIONALPARA EL AÑO 2001
El presupuesto nacionalpara el año 2001, que actual-mente se está tratando en el Congreso, constituyeuna pieza clave para entender la situación presente. Anticipo desde ya que esepresupuesto está muy lejos de ser el instrumento fundamental para salir de lacrisis presente y reencauzar el país.
El gasto de laadministración nacional asciende a 51.232 millones de dólares. El total de losrecursos se estima en 46.412 millones de dólares, por lo que se produce undéficit de 4.830 millones de dólares que, según el acuerdo con el FondoMonetario Internacional, no debería extenderse a más de 5.700 millones.Difícilmente esas metas podrán ser alcanzadas.
Pero en realidad lasituación es mucho más grave. Según el artículo 4° del presupuesto habrá quebuscar fuentes de financiamiento por 29.000 millones de dólares, de los cualesse destinarán 21.500 millones para amortizar compromisos anteriores y pagarpasivos. Las cifras de financiamiento se han ido elevando año a año (de 3.500millones de dólares en 1993 a los 29.000 en el 2001). Esto quiere decir queestamos «viviendo de prestado». Es obvio que esta situación no puede mantenerseindefinidamente. No hay por qué suponer que los prestamistas del exterior y delmercado local continuarán proveyendo los recursos cada vez mayores que requierela situación fiscal. Una parte de esos préstamos aumenta la deuda pública quealcanza ya a 144.000 millones de dólares y que obliga a pagar 11.246 millonesde dólares en concepto de intereses en el año, o sea 22 por ciento del gastototal. También esta cifra va creciendo ininterrumpidamente y si losprestamistas decidieran no aumentar más su exposición en la Argentina,caeríamos en la insolvencia y prácticamente en la bancarrota.
La situación fiscalante-riormente descripta tiene una decisiva influencia sobre la marcha de laeconomía del país. Ella constituye un verdadero nudo gordiano. Por las razonesapuntadas, el déficit no puede seguir subsistiendo. Para reducirlo es necesariobajar el gasto y aumentar los recursos. Toda la discusión acerca del actualproyecto de presupuesto gira en torno a una disminución del gasto del orden delos 700 millones de dólares, cifra insignificante comparada con los 51.230millones del gasto total. En lo que hace a los recursos, todo depende de que seproduzca una verdadera reactivación económica. La recesión actual hace quedicho aumento sea improbable. La recaudación no aumenta y es cada día másdifícil obtener nuevos recursos. Hay recesión en gran medida por el déficitfiscal, y éste impide que la recaudación aumente. En lo que hace al gasto, debetenerse en cuenta que 60 por ciento del mismo es el gasto social y 22 porciento los intereses de la deuda. La propuesta de los demagogos izquierdistasde repudiar dicha deuda es absurda. El gasto social difícilmente pueda servoluntariamente reducido; por el contrario, las más diversas oficinas delgobierno, los reclamos de los políticos, sindicalistas y grupos de presión yotros sectores demandan irresponsablemente un aumento de ese gasto. Descontandolos dos rubros citados -gasto social e intereses de la deuda pública-que suman82 por ciento del presupuesto, sólo queda disponible para toda la gestiónguberna-mental 18 por ciento, o sea 9.100 millones de dólares. Por mucho que serecorte esa cifra la disminución del gasto total será irrisoria. Como se ve, ysin perjuicio de realizar todas las economías posibles, no queda por ahora otroarbitrio que seguir pidiendo prestado. En éste, como he dicho, un verdaderonudo gordiano, pero lo malo es que no se sabe cómo cortarlo. ¿Hasta cuándopodremos seguir así? Obviamente no por mucho tiempo.
La recesión actual no sedebe a la política de transformación lanzada por el ex presidente Menem el 8 dejulio de 1989, que quedó inconclusa durante su segundo período de gobierno,sino al profundo desorden gestado durante más de cuarenta años de estatismo,controles y regulaciones limitativos de la libertad económica y sobre todo a lainflación, que en todo momento durante ese prolongado lapso fue una constanteen la vida argentina y culminó con la hiperinflación del Dr. Alfonsín. Todavíahoy estamos pagando las consecuencias de esa intromisión socialista del Estadoen el manejo de la economía. Esa intromisión, financiada con la creacióninflacionaria de moneda, creó actividades, empresas y empleos artificiales peroprecipitó la hiperinflación. Cuando hubo que controlar ésta, que nos llevaba ala disolución social, desaparecieron los estímulos inflacionarios y lo que sehabía creado a impulso de dichos estímulos, comenzó a caer sin que arbitrioalguno pudiera evitarlo. Los errores cometidos durante las décadas anterioreslos estamos pagando hoy a través de la recesión y el desempleo. Fueron inútileslas advertencias formuladas acerca de esos errores, y todavía hoy hay quienesquieren volver a incurrir en ellos.
LA LEY DE CONVERTIBILIDAD
La Ley de Convertibilidadsancionada en marzo de 1991, que como diputado voté con cierta reticencia, fueun arbitrio que psicológicamente contribuyó a alcanzar la estabilidadmonetaria. Pero esa ley debió haber sido enmen-dada cuando los precios seestabilizaron en 1993. Le llevé este problema al presidente Menem, quien mepidió que hablara con el entonces ministro de Economía, Dr. Cavallo. Este noquería tratar el tema por el temor de que ese debate pudiera confundir a laopinión pública, afectándose la estabilidad monetaria. Lamentablemente mipreocupación de entonces acerca de las consecuencias a largo plazo de esa leyse han visto confirmadas en el momento actual. La ley, votada con una paridadcambiaria fija y moneda sobrevaluada, nos llevó a una verdadera encrucijada. Elmantenimiento de la ley en las condiciones en que fue sancionada acentúa larecesión y amenaza crear una situación explosiva; si se quiere modifi-carlahabrá que enfrentar consecuencias ciertamente indeseables. No deseo profundizaraquí este dilema por cuanto no está a mi alcance influir constructivamentesobre la opinión pública en este delicado tema. Simplemente quiero, por elmomento, señalar tres puntos concernientes al mismo. De ninguna manera estoypredicando una devaluación por vía de autoridad. Lo que debe hacerse esmodificar la ley en el sentido de suprimir la paridad cambiaria fija ysustituirla por la que determine el mercado. Por otra parte, quiero formularuna advertencia. Si no se elimina el déficit, si sigue aumentando la deuda, sino se reducen los precios y los bienes y servicios no transables y si nodisminuye el costo laboral, la ley terminará «explotando».
Este tema debe sertratado por verdaderos economistas y políticos y discutido en el CongresoNacional. La opinión pública debe ser exhaustivamente informada. Nada puedehacerse, sin su aprobación, so pena de perder el factor psicológico positivoemanado de la ley. Una aclaración es necesaria: la convertibilidad de la monedadebe ser mantenida a toda costa; lo que hay que modificar es la paridadcambiaria fija, dejando funcionar el mercado que establecerá el verdadero valorde la moneda. El tema no debe ser «politizado». Recientemente el ex presidenteAlfonsín opinó imprudentemente e indocumentadamente sobre él. El Dr. Alfonsínes un importante dirigente político, pero después de su tremendo fracaso comogobernante, no está en condiciones de opinar sobre la convertibilidad.
DEGRADACION DE LAPOLITICA Y DE LOS PARTIDOS POLITICOS EN LA ARGENTINA
Los problemas económicosy sociales descriptos anterior-mente se producen dentro de un marco políticofuertemente degradado. Los partidos políticos y sus principales dirigentesestán actuando irresponsablemente en el campo económico, afectando el sistema.Proclaman el fracaso del neoliberalismo y del neoconservadorismo quesupuestamente estarían vigentes en el momento actual. Critican y atacan al«modelo» reclamando su inmediata anulación. En esa posición se ubicanimportantes dirigentes, entre ellos, principalmente, el Dr. Alfonsín, el Dr.Ruckauf, el Dr. Duhalde, el Dr. Alvarez y otros. Ninguno de ellos ha dicho qué«modelo» o sistema proponen a cambio. Tampoco se han ocupado de describir enqué consisten el neoliberalismo y el neoconservadorismo, ni de explicar qué seentiende por «capitalismo salvaje, fundamentalismo del mercado y otrasexpresiones de esa naturaleza». Ni esos dirigentes ni los partidos políticos alos cuales pertenecen se ajustan a doctrina alguna y se mueven sólo porintereses de bajo vuelo, como el reparto de cargos públicos y de cuotas depoder dentro del gobierno. Esta degradación en la actividad política ya estáteniendo una futura influencia negativa sobre la marcha de la economía y delordenamiento social del país.
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Al término del gobiernodel Dr. Alfonsín, que debió resignar su cargo, el país vivía una profundacrisis que nos llevaba a la disolución social. El Dr. Menem enfrentó esa crisisponiendo en marcha un plan integral de concepción liberal. Esa afortunadaconjunción un liderazgo político efectivo con el citado plan liberal, resolvióla crisis y reencauzó el país. Hoy estamos viviendo una nueva crisis menosapremiante y aguda que la de 1989 pero que amenaza prolongarse durante un lapsodifícilmente predecible. Para resolverla se requiere una solución semejante ala de 1989: la coincidencia de un verdadero liderazgo político con un plandecididamente liberal.
No se vislumbra todavíacómo puede lograrse esa solución. El gobierno y los principales dirigentespolíticos se apoyan en la socialdemocracia y en el manejo tecnocrático de laeconomía. Ningún grupo orgánico sostiene políticamente las ideas liberales. Porlo tanto las perspectivas a corto y mediano plazo no son alentadoras, pero desdeya hay que empezar para trabajar para el largo plazo.




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