Claramente, hay temor entre inversores por inmovilizar su dinero a largo plazo, más de 12 meses, o incluso para después de las elecciones de octubre. Esto quedó reflejado en la reacción de ahorristas al ponerse en práctica la obligación de que los depósitos indexados por la inflación se hagan a más de un año de plazo. Son muy pocos los que se animan a ese plazo. Por ello creció en abril en 1.100 millones de pesos el total de depósitos a plazo fijo tradicionales. No se trata de un tema menor, ya que si realmente el gobierno quiere que haya préstamos de largo plazo a público y empresas, debería preocuparse porque haya depósitos a más de 12 meses. El "corralito" dejó secuelas, es cierto, pero el clima imperante en lo económico tampoco incentiva estas colocaciones.
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La necesidad de utilizar recursos para el pago anual de Impuesto a las Ganancias y Bienes Personales generó que muchos ahorristas recurran a sus cuentas a la vista para cumplir con el fisco. En mayo, esta situación se acentuaría, ya que son las empresas las que deben efectuar los pagos.
En realidad, se trata del producto más atractivo para el ahorrista, pues ante el crecimiento de la inflación ofrece las mayores posibilidades de obtener buenos rendimientos. Se espera que la inflación supere ampliamente al dólar y, de hecho, también les gana por lejos a las tasas que ofrecen los depósitos sin indexación (oscilan 4% anual a 30 días). Sin embargo, este eventual rendimiento no supera la baja disposición a depositar a un año.
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