No es un hombre de suerte Ben Bernanke. Ayer se lo vio muy preocupado en su discurso ante el Congreso norteamericano. Asumió como presidente de la Fed el 1 de febrero de 2006 y al poco tiempo la pujante economía de EE.UU. exhibía claras señales de desaceleración. En julio le estallaba la crisis de hipotecas. Su antecesor, Alan Greenspan, en gran parte responsable de lo que hoy sucede, cobra ahora a los banqueros más de u$s 100.000 por dos horas de exposición. Bernanke, académico de prestigio, prolijo en sus aseveraciones, no acierta con la crisis que heredó. No es al único al que le pasan estas desventuras.
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