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La corriente de reducir impuestos para estimular el crecimiento económico y el empleo ha tenido gran auge en los países de la UE desde comienzos de los '90. Irlanda y Holanda iniciaron esta tendencia, luego seguida por España, Inglaterra, Alemania, Italia, Francia y Bélgica, entre otros. Cabe destacar las recientes reducciones dispuestas por Alemania (u$s 24.000 mill.), Italia (u$s 7.500 mill.), Francia (u$s 16.000 mill).
Por su parte, la Comisión Europea ha dado el visto bueno para una nueva reducción del orden de los u$s 2.500 mill. prevista por España para el año 2003.
En igual sentido, el presidente Bush intenta llevar adelante el mayor recorte masivo de impuestos en los EE.UU. en los últimos veinte años, para revertir los efectos de la recesión.
No obstante los recortes dispuestos en la mayor parte de los países de OCDE, se registró un crecimiento en los ingresos fiscales sobre finales de la década anterior. La experiencia de los países avanzados es aleccionadora. Bajaron los impuestos y mejoraron la recaudación.
El peor de los impuestos
Este nuevo impuestazo tiene como eje central la creación del gravamen sobre los débitos y créditos en cuenta corriente. Este es el peor impuesto que se haya conocido en la Argentina, sólo superado por el impuesto inflacionario que financió las necesidades del Estado durante cincuenta años.
Para tener una idea de la magnitud de este impuesto, digamos que equivale a haber aumentado en cinco puntos el IVA. El Estado le está sacando más de 4.000 millones al sector productivo. Este impuesto agota las posibilidades de reactivación al afectar toda la estructura de costos de las empresas.
Tiene asimismo un claro sesgo antiexportador. Las empresas de servicios públicos lo trasladarán a las tarifas, haciendo que finalmente lo pague la gente. El impuesto lleva a una múltiple imposición sobre un mismo flujo de dinero. Los depósitos y pagos contienen el IVA y otros impuestos como Ganancias o Ingresos Brutos que deben pagarse sobre estas operaciones. Estamos entonces en presencia de un impuesto que cae sobre otros impuestos y genera un efecto de acumulación que potencia sus efectos distorsivos.
En la Argentina la presión fiscal está a la altura de los países más avanzados del mundo. Pero en materia de devolución de bienes públicos, estamos cien años atrás. En este escenario, no hay margen para aumentar impuestos. Con este nuevo impuestazo el gobierno asesta otro golpe a la clase media argentina.




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