El más legítimo argumento que tienen los países en desarrollo para pelear la deuda externa y sus onerosos intereses es que los grandes países desarrollados -precisamente los acreedores mayoritarios del Tercer Mundono les permiten obtener divisas suficientes para saldar por los subsidios a sus producciones primarias. O sea, traban las exportaciones tercermundistas. Este tema es el más engorroso de responder por los mandatarios de grandes naciones, como le sucedió con la inquisidora pregunta, hace unos meses, de un periodista paraguayo al presidente del gobierno español, José María Aznar. Lo mismo le sucede a George Bush, a Chirac. A todos. Los países en desarrollo no lanzan organizados una campaña contra esa discriminación permanente. Por eso sorprendió estos días un editorial del diario más poderoso del mundo y norteamericano, «The New York Times» -publicado un domingo-, donde expresa los más severos conceptos sobre el proteccionismo agrícola de Estados Unidos, Europa y Japón que a ningún mandatario del subdesarrollo, a ningún crítico marxista del capitalismo, se les hubiera ocurrido. Llama «hipocresía» a la política de los gobiernos desarrollados cuando efectúan exigencias de pago y ajustes a países de menos desarrollo cuando, a su vez, los están ahogando con proteccionismo interno a la agricultura ineficiente, aunque eso les dé rédito político en las elecciones. Dice «The New York Times» que la «ventaja comparativa» que les permite a Estados Unidos y otros países desarrollados no importar y hasta ganarles mercado a los países subdesarrollados en realidad es porque «sus precios están 20% por debajo de sus costos de producción», pero venden afuera y traban exportaciones de subdesarrollados o de menor desarrollo en los «generosos» subsidios que reciben de sus propios gobiernos. Llama «rumbo perverso» a esa política anti-Tercer Mundo y menciona productos como azúcar, algodón, verduras, flores, cereales, que resultan afectados y que son de excelente producción en la Argentina. ¿Qué discurso de presidente o aun de candidato reflejará esta dura realidad tan decisiva para una recuperación genuina de la Argentina, o sea poder vender más para pagar con menos sacrificio? ¿Qué tema Duhalde-Lula sería mejor que eso en diálogo para un accionar conjunto?
Por ello, quiero resaltar sus conceptos más salientes. Porque alimentan la esperanza de que algo positivo pueda -efectivamente- salir de la «Rueda de Doha», de la OMC, en curso.Y cambie, para bien, no sólo el presente de muchos argentinos condenados a la postergación, sino el futuro de nuestros hijos. Poniendo fin a un azote de nuestras economías, que el mundo industrializado iniciara en 1964. Y que aún continúa ininterrumpidamente.
La editorial comienza por despejar un «mito» enraizado entre los norteamericanos: que ellos son grandes exportadores de productos del agro, porque cualitativamente «son los mejores agricultores del mundo». No es así, dice la editorial. La «ventaja comparativa» que les permite exportar con precios que están 20% por debajo de sus costos de producción, descansa en los generosos subsidios que reciben de su gobierno. Por supuesto.
Y, sigue diciendo el diario: «Para asegurarnos, tenemos barreras tarifarias que tornan muy difícil a los agricultores del Tercer Mundo poder vender en los Estados Unidos». Imposible, más bien. «Lo mismo -sigue- es verdad respecto de sus esfuerzos por tratar de vender en Europa y Japón. El sistema agrícola mundial está tramposamente armado a favor de los ricos». Y esto está «en el corazón mismo» de las razones que «mantienen subdesarrollado al mundo subdesarrollado», concluye. Es así.
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