Por ello, quiero resaltar sus conceptos más salientes. Porque alimentan la esperanza de que algo positivo pueda -efectivamente- salir de la «Rueda de Doha», de la OMC, en curso.Y cambie, para bien, no sólo el presente de muchos argentinos condenados a la postergación, sino el futuro de nuestros hijos. Poniendo fin a un azote de nuestras economías, que el mundo industrializado iniciara en 1964. Y que aún continúa ininterrumpidamente.
La editorial comienza por despejar un «mito» enraizado entre los norteamericanos: que ellos son grandes exportadores de productos del agro, porque cualitativamente «son los mejores agricultores del mundo». No es así, dice la editorial. La «ventaja comparativa» que les permite exportar con precios que están 20% por debajo de sus costos de producción, descansa en los generosos subsidios que reciben de su gobierno. Por supuesto.
Y, sigue diciendo el diario: «Para asegurarnos, tenemos barreras tarifarias que tornan muy difícil a los agricultores del Tercer Mundo poder vender en los Estados Unidos». Imposible, más bien. «Lo mismo -sigue- es verdad respecto de sus esfuerzos por tratar de vender en Europa y Japón. El sistema agrícola mundial está tramposamente armado a favor de los ricos». Y esto está «en el corazón mismo» de las razones que «mantienen subdesarrollado al mundo subdesarrollado», concluye. Es así.
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