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7 de agosto 2008 - 00:00

Intentaron vender también su tren bala

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El ministro de Planificación, Julio De Vido, visitó en enero de 2007 la fábrica de turbinas que Siemens tiene en Berlín. Uriel Sharef, entonces miembro del comité ejecutivo de Siemens (a la izquierda), ofició de guía.
Fue anunciado como un viaje protocolar; sin embargo, aquella visita de tres días que hizo el ministro de Planificación, Julio De Vido, a Alemania, a fines de enero de 2007, se concentró en cerrar y abrir negocios. Todos involucraban a Siemens, la compañía que a pesar de tener una demanda contra el país en el CIADI ( tribunal arbitral del Banco Mundial) por la rescisión del contrato por los DNI por u$s 420 millones, retomaba con cordialidad negocios con el gobierno argentino.

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El anfitrión de De Vido en Berlín fue Uriel Sharef, el israelí segundo hombre fuerte de la compañía despedido a principios de este año y ahora cuestionado por haber pagado sobornos por 4,7 millones de euros a la Argentina en 2003, según diarios alemanes basados en información judicial.

En la capital alemana, Sharef ofició de guía por la Turbinefabrick (una de las más modernas fábricas de turbinas del mundo, que tiene Siemens y que ocupa más de dos manzanas). De Vido vio en persona, entonces, la primeray más avanzada de las cuatroturbinas generadoras a gas que esa compañía estaba fabricando para equipar dos usinas en la Argentina. La licitación se había cerrado en octubre de 2003.

En la comitiva que acompañó al ministro en ese viaje estaban también presentes el secretario de Energía, Daniel Cameron; el presidente del banco BICE, Esteban Domina, y Gerardo Ferreyra, el titular de Electroingeniería, una de las compañías involucradasen la construcción de las plantas donde se ubicarán las turbinas entre otros negocios con el Estado.

El acuerdo por las turbinas estaba ya cerrado. En cambio, la diversificada empresa Siemens tentó a De Vido con otras novedades.

En momentos en que el proyecto del tren bala era incipiente, el titular de la compañía en la Argentina, Matthias Kleinhempel, lo subió al tren de alta velocidad que opera Siemens entre Colonia y Dusseldorf, que como mal presagio, salió tarde. Kleinhempel lo llevó luego a las oficinas de la empresa en esa ciudad, en una planta que trabaja sin cortes, donde recibió una clase de dos horas sobre este tipo de transporte. El antecedente que ostenta Siemens en trenes de alta velocidad en España, negocio en el cual había también sospechas de irregularidades. En vano, claro, meses después ni siquiera se presentó en la licitación que finalmente se adjudicó la francesa Alstom. De ese encuentro, De Vido se llevó sólo una replica en miniatura del tren bala, un juguete.

Siemens organizó también otra excursión. Una tarde de visita al aeropuerto de Tempelhof, que fue construido por el nazismo en Berlín y luego permaneció en la parte democrática de la capital alemana. Allí, funciona hoy uno de los centros de regulación de tráfico más modernos del mundo, bajo un sistema que advierte y desarma embotellamientos de autos, cambia el sentido de calles temporariamente sin generar caos de tránsito y que los conductores pueden consultar por su celular, en forma gratuita.

Después de alojarse en el hotel Regent, alejado del bullicio del cercano Hilton y de la ostentación del tradicional Adlon, De Vido dejó Berlín con 2 grados bajo cero, con cuestionamientos de empresarios alemanes sobre una posible crisis energética y suba de precios en la Argentina, sin el compromiso de que Siemens suspenda el juicio en el CIADI, con poco apoyo político para la renegociación de la deuda con el Club de París, pero con optimismo, además de con fuertes lazos con Siemens.

Florencia Lendoiro

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