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5 de agosto 2026 - 07:00

Japón: pese a la fuerte intervención los inversores siguen nerviosos

Luego de la defensa conjunta de Tokio y Washington del yen sobrevino una mala licitación de bonos japoneses y ahora el mercado mundial de bonos se encuentra en vilo ante el aumento vertiginoso de los rendimientos japoneses.

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Los inversores culpan al Banco de Japón (BoJ) por no haber sido más claro en sus intenciones de anticiparse a las fuerzas inflacionarias y subir las tasas de interés con mayor rapidez.

Si bien la mayoría del mercado está prestando atención a los bonos del Tesoro de EEUU de largo plazo, que días atrás sufrieron una notoria presión que llevó la tasa a 30 años al 5,27% anual, el nivel más alto desde 2007, es Japón sobre quien se concentran las miradas luego de la mala licitación de deuda tras la intervención récord coordinada con EEUU sobre el yen. Al respecto, los analistas de Goldman Sachs ya advirtieron que 100.000 millones de dólares no serán suficientes, pero eso es otro tema. Pero enfocando el análisis sobre la subasta de bonos de Japón, en primer lugar, no hay que soslayar que el principal obstáculo para que el Banco de Japón (BoJ) suba las tasas de interés y aprecie el yen sin tener que gastar decenas de miles de millones en intervenciones masivas, es que ello pone en riesgo el mayor castillo de naipes del mundo, que es el mercado de bonos japonés, el segundo más grande del mundo, del cual el banco central nipón posee la mitad.

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Al ver los datos de la primera gran subasta de cupones que hizo Japón desde la última intervención, los operadores la consideraron como catastrófica. ¿Por qué? El primer dato malo fue lo que llaman una “cola” enorme, la segunda más alta desde principios de siglo, de 0,46 yenes, y es la diferencia entre el precio mínimo y el precio medio aceptado. Según los analistas, esto refleja un apetito frágil por parte de los inversores y una mayor demanda de rentabilidad por parte de los compradores. Un segundo dato malo fue una pésima demanda en términos de relación entre ofertas y cobertura que fue de 2,56 veces frente a las 3,13 veces de la venta anterior, lo que supone el nivel de demanda más bajo desde mayo de 2025, y el tercer nivel más bajo desde 2015. Esto hizo que el rendimiento de los bonos a 10 años subiera unos cinco puntos básicos hasta el 2,87% y los futuros de los bonos del gobierno japonés cayeran. Los operadores del mercado de bonos asiáticos también destacan que el precio fue más bajo del esperado en la previa.

Pero lo que les inquieta es que esta tan mala venta de bonos japoneses podría afectar a los bonos del Tesoro de EEUU y a otros bonos del G-10. Una lectura conspicua indica que los inversores podrían estar retribuyéndole el favor al BoJ por no haber sido más claro en sus intenciones de anticiparse a las fuerzas inflacionarias y subir las tasas de interés con mayor rapidez. Lo cierto es que la rentabilidad de los bonos japoneses a 10 años se acercó muy rápido al máximo alcanzado en julio, en torno al 2,90%, por lo que los operadores alertaron que si los bonos japoneses superan ese umbral era probable que tenga repercusiones negativas en los países del G-10, lo que repercutirá en el mercado global de renta fija.

De ahí que, frente a los magros resultados de la subasta, los analistas de Bloomberg consideran que la última ronda de intervención cambiaria no ha logrado revertir la percepción sobre los activos japoneses; y si bien la intervención cambiaria conjunta con EEUU fortaleció el yen, los próximos pasos deben provenir del BoJ y no del Tesoro estadounidense ni del Ministerio de Finanzas de Japón. Por lo tanto, a menos que el BoJ cumpla con su papel, ya sea subiendo las tasas fuera de su ciclo habitual de revisión de política monetaria o señalando su intención urgente de realizar aumentos sucesivos, los bonos seguirán debilitándose. Por lo pronto, los 100.000 millones de dólares usados para intervenir no surtieron efecto ya que la paridad, tras caer hasta los 155,20 yenes por dólar ya recuperó niveles de 158 yenes borrando un tercio del impacto total de la intervención.

¿Por qué tanto ruido con los bonos del G-10?

En parte, por las declaraciones del ministro de Finanzas japonés, Satsuki Katayama, quien afirmó que Japón tenía la intención de recurrir al mecanismo FIMA de la Reserva Federal (Fed) para defender el yen en el futuro, evitando así la necesidad de vender bonos del Tesoro para financiar la compra de yenes. ¿Qué es el FIMA?: es un mecanismo de recompra (Repo) que permite a bancos centrales y autoridades monetarias extranjeras obtener dólares de forma temporal y funciona entregando títulos del Tesoro estadounidense como garantía sin necesidad de venderlos en el mercado. Pero hay además otra lectura, como advierten los estrategas de Rabobank que recuerdan que una década atrás ya habían advertido que a las guerras comerciales le seguiría la guerra de los mercados de capitales y otras subsidiarias, por lo que el primer tiro lo ha hecho el Secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent. Consideran que el apoyo del Tesoro estadounidense al Ministerio de Finanzas japonés y al BoJ en la defensa del yen pudo haber sido un momento crucial para la estabilidad financiera. Explican que al respaldar los esfuerzos de Japón por defender su moneda y contrarrestar las presiones inflacionarias importadas, Washington no solo se cubre contra el aumento de los costos de endeudamiento del Tesoro estadounidense al tiempo que compra activos que Bessent considera infravalorados en relación con la mejora de los fundamentos de Japón, sino que también alivia la presión competitiva sobre los fabricantes estadounidenses y acerca a Japón a la órbita estratégica de EEUU. Esto es importante, destacan, ya que la administración Trump considera a Japón un socio clave para contrarrestar el dominio de China en la producción industrial, en particular, la construcción naval, la siderurgia y el procesamiento de tierras raras, y ambos socios tienen interés en evitar que la economía japonesa, en plena recuperación, se convierta en una salida para el excedente de la producción china.

Ahora bien, se plantean ¿si se podrían ver más restricciones japonesas a las importaciones chinas o si podría la decisión de EEUU de vender euros (incluso en cantidades relativamente pequeñas) en lugar de dólares haber sido un mensaje sutil a los europeos sobre las capacidades políticas estadounidenses? Para los estrategas del banco holandés, la intervención coordinada entre el Ministerio de Finanzas japonés y el Tesoro estadounidense para gestionar el valor del yen es quizás la primera señal concreta del surgimiento de un nuevo orden monetario: el sistema posterior a Bretton Woods, caracterizado por un tipo de cambio mayoritariamente flotante y una constelación de tratados internacionales destinados a desalentar la intervención estatal y la devaluación competitiva, ha estado en suspenso debido al auge de la China neo-mercantilista y las devaluaciones monetarias impulsadas por la flexibilización cuantitativa (QE) de la década de 2010. Ahora, la cooperación en materia de tipos de cambio gestionados (y en la dinámica general del mercado de capitales) entre aliados podría abrir un camino.

Sin embargo, advierten que los acuerdos intra-bloque solo funcionan si el comercio interbloque enfrenta barreras sustanciales. Naturalmente, EEUU no desea que el papel global del dólar se vea socavado por bancos centrales de mercados desarrollados que mantienen reservas de divisas más grandes y diversificadas. Por lo tanto, esperan que surja un sistema de intercambio de divisas en dólares, basado en el principio de "hoy por ti, mañana por mí", con restricciones comerciales comunes u otros beneficios para los intereses estratégicos estadounidenses a modo de contraprestación.

De hecho, ya se ha visto esto con la decisión de los Emiratos Árabes Unidos de abandonar la OPEP+ y coordinarse con Israel en asuntos militares tras la extensión de los intercambios de divisas en dólares. Así pues, sentencian que una vez más presenciamos cambios estructurales trascendentales, impulsados por las tensiones geopolíticas, y si bien es cierto que esto es relevante e importante, no conviene dejarse llevar por las fluctuaciones de estas semanas, lo que realmente importa es la señal a medio y largo plazo.

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