Era previsible: tras la rescisión del contrato de Aguas Argentinas, se desataría una batalla legal con Suez, la empresa francesa y principal accionista de la privatizada. Lo que está sorprendiendo son los niveles que se alcanzaron en los enfrentamientos a sólo 72 horas del anuncio. Ya la disputa es entre gobiernos, con alusiones directas de Néstor Kirchner a Jacques Chirac. No hay nada que pueda hacer ceder la tensión existente en las relaciones entre los dos países ahora que se desató el conflicto. Hasta un fiscal ayer quiso prohibir la salida del país de ejecutivos franceses, pedido que fue rechazado inmediatamente. Pero es una clara muestra de lo que está sucediendo y es más que preocupante.
Sin embargo, la relación bilateral ya se venía deteriorando, y aun antes de la rescisión de la concesión, el premier francés había decidido no pasar por nuestro país.
Kirchner dijo: «No estoy dispuesto para que nos visite un presidente o que una cancillería se quede tranquila, a bajar la vista o a que se contaminen las aguas que toman los argentinos».
Durante un acto que encabezó en una escuela de San Isidro, Kirchner dijo que no quiere que los habitantes del conurbano estén «sin agua y sin cloacas, como si fuera un bien inalcanzable».
«No estamos dispuestos a aceptar cualquier precio y cualquier tarifa», puntualizó Kirchner. También sostuvo tener «mucho respeto por el pueblo de Francia y por la nación francesa, pero no estoy dispuesto para que nos visite un presidente a bajar la vista y permitir que se contaminen las aguas que toman los argentinos».
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