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20 de septiembre 2006 - 00:00

Kirchner eligió mal momento para ir a pedir más inversiones

(Se notó en concurrencia irrelevante a reunión con De Vido)

La decisión oficial de consagrar la actual visita a Nueva York a atraer inversiones del sector privado no luce como la más oportuna: durante setiembre sesiona la Asamblea General de la ONU y, por lo tanto, se produce allí la mayor concentración de gobernantes por metro cuadrado que se pueda registrar en el año. Llamar la atención en ese contexto requeriría, como poco, aparecer con un traje a cuadros blanco y colorado. Por otra parte, el gobierno argentino debe competir con figuras muy atractivas que ofrece la región en estas horas: Michelle Bachelet y Lula da Silva agotan las localidades en sus presentaciones. Cuando no se tienen en cuentaestas peculiaridades del momento, se corre el riesgo de que suceda lo que ayer con Julio De Vido: expuso durante un desayuno con escasa concurrencia y bajo nivel de representación de empresas (aunque sorteó con pericia las inquietudes sobre la crisis energética). Será distinto el caso de Kirchner, hoy, en la Bolsa de Nueva York: desayunará con 40 empresarios locales, especialmente convocados. Habrá sólo dos argentinos: Jorge Brito, del Banco Macro; y Paolo Rocca, de Techint. Ambas compañías integran la pizarra de Wall Street.

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Julio De Vido, flanqueado por el CEO de Occidental Petroleum y el cónsul en Nueva York, durante el desayuno para empresarios que ofreció en el Waldorf Astoria.
Unos 50 invitados, entre argentinos y estadounidenses, escucharon ayer al ministro de Planificación, Julio De Vido, explicar (con ayuda de un «Power Point», sistema que permite ilustrar con gráficos una exposición), cómo la Argentina crece a un ritmo de 8% anual, y asegurar que el país no atraviesa una crisis energética. La audiencia -conformada por un puñado de CEO, en especial argentinos, y el resto ejecutivos de segunda línea-lo interrogó después de los 45 minutos de monólogo por cuestiones como la energía, los precios y la relación Nación-provincias en asignación de recursos.

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De Vido volvió a asegurar que «no se estudia ni se prevé modificación alguna al régimen impositivo vigente», con lo que descartó cualquier expectativa de recorte en el denominado «impuesto al cheque» o a las retenciones a las exportaciones.

  • Mensaje

  • El ministro «dio un fuerte mensaje pro capitalista, y elogió el mecanismo de la iniciativa privada como vehículo para invertir en la Argentina», dijo uno de los empresarios.

    Ante una pregunta de un banquero sobre la posibilidad de que los déficits de algunas provincias afecten el superávit nacional, el funcionario respondió: «En 2001 no todos partieron del mismo lugar; hay situaciones diferentes que deben ser atendidas porque arrancaron en peores condiciones, pero hoy ese tema no preocupa al gobierno».

    La lista de invitados más destacados incluía a John Morgan, director para el Hemisferio Occidental de Occidental Petroleum, Dirk Donath (CEO del fondo Eton Park, que acaba de comprar 50% de la controlante de Transener) y Ken Haddow, director de la minera Rio Tinto. El resto de la mesa «extranjera» se conformaba con «analistas», «portfolio managers», «senior economists», «consultores», «strategist» y otros cargos similares de empresas como ABN Amro Bank, Bear Stearns, Argonaut Capital, Legg Mason, Duke Energy, CSI Solutions y una nutrida delegación de Occidental Petroleum.

    Del lado de los locales la representación fue mucho más significativa. Estaban Ezequiel Gómez Berard (CEO de Wal-Mart, que anunciará por estos días una inversión de u$s 150 millones en la Argentina para apertura de nuevas tiendas), Ernesto Gutiérrez ( Aeropuertos Argentina 2000), Daniel Hadad («Canal 9»), Marcelo Mindlin (Pampa Holding), Luis Ribaya (Banco Galicia), Alejandro Macfarlane ( Edenor), Luis Betnaza (Techint), Gabriel Romero (EMEPA), Clarisa Lifsic de Estol (Banco Hipotecario), Carlos Wagner (ESUCO) y Wilfred von Bülow (Man Ferrostaal).

  • Comitiva

    A De Vido lo flanquearon su segundo Claudio Uberti, el embajador Octavio Bordón, el gobernador mendocino Julio Cobos y el cónsul en Nueva York Héctor Timerman. Otro empresario argentino que se sentó alrededor de la mesa cuadrangular en el Waldorf Astoria explicó por qué el nivel de concurrentes no era de máximos ejecutivos: «La Argentina no está en el centro de la escena en lo que se refiere a inversiones; no podemos esperar que vengan CEO, y menos con la vorágine de reuniones que se producen siempre que hay una asamblea de la ONU».

    Desde las cercanías del ministro se dejó caer la versión de que «Oxi» (como se conoce a la petrolera Occidental Petroleum) habría prometido invertir u$s 1.000 millones en la Argentina en los próximos cinco años, especie que no fue confirmada por los ejecutivos de la empresa. También se dio la «noticia» de una inversión de Fiat para producir una 4x4 en su planta de Córdoba, información que ya tiene al menos un mes y fue anunciada con bombos y platillos; en realidad, se trata de un «joint-venture» con la automotriz Tata de la India, que hará el aporte mayor de capital (la italiana aportará su planta).

    Algunos de los empresarios habían madrugado mucho más: a las siete de la mañana Gutiérrez, Lifsic de Estol y Uberti habían tomado parte del desayuno con Evo Morales, invitados por el Council of the Americas. Allí el presidente boliviano dijo que quería «socios, no patrones»; seguramente por esa razón la presidenta del Hipotecario le preguntó a De Vido (un par de horas más tarde) cómo estaba la relación con Bolivia; el ministro respondió que efectivamente «es entre pares; ya estamos firmando los nuevos contratos para provisión de gas, y avanzando en el proyecto del gasoducto del nordeste».

    La reunión se disolvió entre consultas mutuas sobre la situación energética del país; un estadounidense lo encaró a Mindlin y le pidió que le confirmara si la emisión de acciones de su Pampa Holding ya estaba sobreofertada; el ex IRSA se limitó a sonreír enigmáticamente y a decir: «Estamos contentos».

    Un grupo de empresarios (Macfarlane, Mindlin, Gutiérrez, Ribaya, Brito, Lifsic de Estol y Betnaza, a los que se agregó el IRSA Augusto Rodríguez Larreta) se fueron «downtown» a almorzar al restorán japonés Nobu, del actor Robert De Niro en sociedad con el chef Nobu Matsuhisa, que vivió en Buenos Aires. El restó «fashion» está en el SoHo (Hudson y Franklin); la cuenta quedó en manos de uno solo de los comensales, que desmintió así su fama de frugal.
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