14 de marzo 2001 - 00:00

La aftosa del gobierno de la Alianza

Uno de los hitos comerciales más impactantes de mi gobierno en materia de comercio internacional fue el levantamiento de toda restricción para importar carnes argentinas, internacionalmente declaradas libres del mal de aftosa.

En efecto, después de 60 años de restricciones por motivos sanitarios, mi gobierno logró en agosto de 1997 el comienzo del envío de carnes a los Estados Unidos.

El furor fue tan fuerte que sólo el primer día del levantamiento, comenzó el envío ya convenido de 20.000 toneladas de carnes frescas.

El mercado estadouni-dense representa a 260 millones de consumidores, con una cotización para el producto que está casi en el nivel de la cuota Hilton -poco menos de 9.500 dó-lares la tonelada.

Poco tiempo después ingresaríamos a otro relevante ámbito internacional: el sudeste asiático que, contabilizando a Japón, Corea, Taiwán, China e Indonesia, representa un mercado de 1.580 millones de consumidores.

Hoy puedo relatar estos hechos casi como naturales de una gestión de gobierno exitosa. Pero los entretelones fueron muy duros, y terriblemente ardua la tarea frente a la estrictísima Oficina Internacional de Epizootias (OIE) que, con sede en París, otorga los status sanitarios correspondientes.

En 1994 y en Ginebra, al culminar la Ronda Uruguay del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), obtuve la promesa norteamericana de la reanudación de sus importaciones una vez obtenido el certificado de París.

Incluso, la administración Clinton se tomó 60 días para presentar objeciones a dicho certificado, y, examinado que fue todo el procedimiento, no hubo observación de ningún tipo.

Una de las ventajas que más rápidamente pudo verificarse fue la diferencia en el valor del producto. Durante los 60 años de restricciones la Argentina sólo pudo exportar a la Unión carnes termoprocesadas y enlatadas a un precio absurdo comparado al de 1997.

La casualidad quiso que en la misma semana en que se levantaban estas restricciones, la mayoría de los norteamericanos expresara en una encuesta realizada por la revista «Newsweek» su deseo de que el gobierno estadounidense destinara más dine-ro a la inspección de alimentos, con especial atención hacia las carnes que se emplean para hacer las hamburguesas, tan consumidas por los norteamericanos jóvenes y niños.

Todo este esfuerzo se hizo trizas desde la asunción del gobierno de la Alianza.

Porque lo cierto es que este gobierno ha heredado, en materia de agricultura y lucha contra la aftosa, un sistema de prevenciones impecable, un registro de productores agropecuarios, un stock de vacunas de emergencia, convenios de control con Paraguay y Bolivia, equipos de emergencia regionales, fortalecimiento y recreación del SENASA, trescientas comisiones de emergencias locales y campañas de prevención.

Pero el gobierno no ha cumplido con la prevención y control epidemiológico y hemos sufrido pérdidas millonarias.

Regresamos 70 años atrás. Ahora tenemos «la aftosa de la Alianza».

Internacionalmente, aparecemos como el niño tonto de la clase que es incapaz de mantener una buena nota porque no tiene ya ganas de esforzarse.

La política agropecuaria del aliancismo podría ser una vergüenza si hubiera tal política, pero no la hay.

La estructura técnica del SENASA y del área de agricultura es la misma de siempre: lo que fracasó es la política del gobierno de Fernando de la Rúa, que fue nefasta, y nos devolvió la aftosa.

El tema central es que durante un año nos han ocultado la realidad, y hoy, cuando la Argentina podría estar liberada de este mal como lo estuvo para exportar sus carnes al mundo, no puede hacerlo por la desidia del gobierno.




Dejá tu comentario

Te puede interesar