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La recuperación de la economía es digna de encomio, y hoy las caras de los argentinos se ven mas distendidas, como se observa en el Coloquio de IDEA, que está teniendo lugar en Mar del Plata. Pero, aunque las cosas han mejorado, no puede declararse victoria aún, ya que las condiciones del paciente, la economía del país, siguen bajo observación.
¿Por qué tanta cautela? La respuesta reside, posiblemente, en el hecho de que todavía no se han dado las condiciones para un desarrollo sostenido, y en tanto el resultado depende de las acciones de las autoridades, queda mucho trabajo por hacer. Respecto de esto, surgen también dos preguntas:
1. ¿Puede la Argentina crecer en el contexto del nuevo programa económico apoyado por el FMI? 2. ¿Qué debe hacer el gobierno de Kirchner para que tenga éxito este programa? La respuesta a la primera pregunta es sí, y a la segunda, que hay mucho por hacer. Hay varias razones para ser optimistas acerca de las posibilidades de recuperación:
• El presidente Kirchner ha restaurado en gran medida la confianza en la Presidencia, mostrando honestidad, capacidad ejecutiva y astucia política.
• El gobierno ha negociado un programa con el FMI, que se considera un éxito ya que no se establecieron condiciones importantes adicionales a las que el gobierno consideraba factibles.
• El gobierno ha presentado un plan para la renegociación de la deuda, que supone un corte de 75 por ciento en el valor nominal. Con ello, se busca regularizar eventualmente las relaciones con los acreedores, aunque existe enorme oposición por parte de ellos al respecto. Muchos analistas presentan el programa argentino como «débil». En realidad, si se compara la situación de la Argentina en 2003-'04 con la situación de Brasil de 2000, un año después de la flotación del real, y cuando ese país estaba recuperándose de una crisis financiera importante, existen muchas similitudes, que sugieren las semillas del éxito para la Argentina.
En Brasil, la inflación era moderada, había crecimiento económico, las cuentas externas eran fuertes y el esfuerzo fiscal, medido por el superávit primario, alcanzó 2,5 por ciento en 1999 y 3 por ciento en 2000. Estas magnitudes son sólo ligeramente superiores (en un medio por ciento del PIB) a los valores proyectados para la Argentina para este y el próximo año.
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