La canasta de monedas subirá el riesgo-país
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El peso argentino vive su mejor cuatrimestre en décadas, pero la fiesta tiene fecha de vencimiento
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El origen primero de nuestro malestar económico
La Argentina tuvo tres hiperinflaciones y, cuando iba a la cuarta, el entonces ministro Cavallo (la misma persona que ejerce el cargo hoy) se dio cuenta de que la gente quería dólares y no australes. La divisa estadounidense cumplía con las condiciones para ser útil a los ciudadanos, ya que era reserva de valor confiable (servía para ahorrar), era una unidad de cuenta estable (los precios en esta moneda no variaban constantemente, permitiendo su comparación) y constituía un medio de pago generalizadamente aceptado (todo se podía comprar y vender en dólares). Por lo tanto, con la convertibilidad, le dio a esa gente un «vale» por un dólar que les guardaba el Banco Central de la República Argentina y que en ese momento decía 10.000 australes y hoy dice un peso. Por eso es que este esquema cambiario tuvo éxito para darnos estabilidad monetaria y cambiaria, simplemente le dio a la gente lo que la gente demandaba.
Pues bien, ahora resulta que el peso podría pasar a ser igual a un «vale» por «medio dólar más medio euro». Sería bueno saber si alguien se molestó en preguntarse si la gente quiere que le metan de prepo medio euro por cada peso que tiene, cuando ni siquiera sabe qué es un euro. La gente demandó y sigue demandando dólares porque las muchas décadas durante las que fue utilizado lo han hecho confiable para ellos y están convencidos de que sigue cumpliendo con las condiciones necesarias para serles útil. Del euro, en cambio, no tienen ni idea. Es más, aún en Europa todavía no terminan de estar convencidos de la confiabilidad de su propia moneda única y eso explica que se llegará a depreciar más de 30% desde su lanzamiento.
Créditos en dólares
Aquellos inversores poco refinados, es decir la mayoría de los pequeños y medianos ahorristas, preferirán pasar sus depósitos en pesos a dólares, a menos que los tienten con mayores tasas de interés. Ahora, eso implicará que las tasas de los préstamos en pesos también subirán.
Mucha gente, confiando en la Ley de Convertibilidad que aprobaron nuestros legisladores en 1991, tomó créditos en dólares para comprar una casa, a pesar de tener ingresos en pesos. Total, un peso era igual a un dólar. A partir de la entrada en vigencia de la canasta de monedas, existe la posibilidad de que un peso sea menos que un dólar y tenga que afectar mayor parte de sus ingresos al pago de las cuotas. Es cierto que puede suceder al revés y salir ganancioso, pero le estamos imponiendo asumir un riesgo adicional que cuando tomó el crédito no existía. Y nadie quiere asumir un riesgo adicional, porque significa un costo adicional.
Como vemos, a «Doña Rosa» este cambio a una canasta de monedas solamente le generará mayor incertidumbre y más problemas. Si nuestros legisladores piensan en la gente común y corriente, deberían darle lo que ellos quieren y no lo que el Dr. Cavallo quiere. Es decir, deberían dejar la convertibilidad como está.
Sería bueno saber cuál es el beneficio de ir a una canasta de monedas. Si es ganar en competitividad, la realidad es que si la ley entra en vigencia es porque el euro aprecia contra el dólar (pasa de los actuales u$s 0,90 a u$s 1) y nada indica que ese aumento del valor se detenga justo en 1 euro por un dólar. Por lo que estaremos abandonando la moneda que se deprecia para atarnos a una que sube de precio.
Por otro lado, si el euro llegara a valer un dólar y luego bajara su valor disminuyendo la cotización del peso respecto de la divisa estadounidense, los exportadores se verían beneficiados, pero los tenedores de pesos habrán perdido contra la moneda que quieren y en términos de la cual piensan. El problema es que las exportaciones son 10% de la producción de bienes y servicios del país. El otro 90% depende de los consumidores e inversores a los cuales les depreciamos la moneda nacional o, por lo menos, les generamos la incertidumbre adicional de que puede perder en términos de dólar. Va a ser difícil que puedan compensar con un aumento de las exportaciones (10%), la caída de la demanda interna (90%).
Si pensamos en los inversores, lo que ellos ven es que se están cambiando las reglas de juego y deducen, por lo tanto, que en el futuro se las puede volver a cambiar. Algunos hasta elucubran que esta modificación apunta a que la gente se acostumbre a que el peso puede variar contra el dólar y, en algún momento, ir a un tipo de cambio flotante. Esto implicaría devolverle a la dirigencia argentina el manejo de una moneda nacional, cosa que tres hiperinflaciones han demostrado que los argentinos no queremos. Por lo tanto, acto seguido nos desprenderemos de todas nuestras tenencias en peso y eso nos llevará a una dolarización de hecho y desordenada (otra hiperinflación). Por lo tanto, es lógico esperar que el riesgo cambiario aumente.
Mayor riesgo
Además, la posibilidad de fluctuación del peso contra el dólar, cuando la gran mayoría de los inversores en la Argentina miden sus ganancias en esta última moneda, implicará también mayor riesgo cambiario.
Estamos generando más incertidumbre cuando el motor de crecimiento es la confianza. Si hay confianza ingresan más capitales y podemos gastar más. La propensión a consumir y a invertir aumenta. Por lo tanto, la demanda interna se exponencia e impulsa la producción. Lamentablemente, sí la canasta de monedas entra en vigencia, la percepción de riesgo aumentará y la trayectoria de crecimiento, empleo y bienestar económico futura de la Argentina será menor.




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