La estrategia de integración
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•Destino atado
La estrategia de integración regional de Brasil está en línea con su aspiración de ser reconocida como la única gran potencia de Sudamérica en virtud de sus dimensiones económica, industrial, demográfica y geográfica, y por lo tanto la misma apunta a la constitución de un espacio económico sudamericano que incluye como requisito esencial el que sea una unión aduanera y no simplemente una zona de libre comercio y que, además, la tarifa externa común adquiera un carácter de neto corte proteccionista.
Sin unión aduanera no hay espacio económico unificado hacia el resto del mundo, lo que supone la existencia de un trato privilegiado en materia de comercio exterior de los países integrantes, tanto mayor cuanto más importante sea ese privilegio mutuo. Brasil tiene la economía más industrializada de toda Latinoamérica, por lo que la formación de un mercado protegido en el ámbito de Sudamérica implicaría sumar 150 millones de personas a los 175 millones de su mercado interno, haciendo posible que la industria brasileña mejore su dimensión de escala operativa, ganando competitividad no sólo en el ámbito regional sino también en el mundial.
La estrategia brasileña de integración para que pueda cumplir el objetivo estratégico de desarrollo para el que fue diseñada, tendría que contar con el mayor número posible de países sudamericanos que adhieran a esa iniciativa, de la que ya Chile se ha autoexcluido al firmar el acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, lo que le impide formar parte de una eventual unión aduanera sudamericana. El Mercosur, cuyas obligaciones han sido incumplidas por todos sus integrantes, o debería desaparecer al integrarse en un esquema geográficamente más amplio, o el Grupo Andino debería formar parte del Mercosur en un esquema coherente para no repetir la incoherencia de lo que sucedió en su momento con la ALALC, que terminó con la total frustración de este proyecto.
•Obstáculo
Para Brasil, el ALCA no sólo no es una prioridad para el desarrollo de su economía, como sí lo piensa Chile y probablemente el actual gobierno del Uruguay, sino que constituye el obstáculo central para tener éxito en su estrategia de integración, porque hay una incompatibilidad objetiva entre negociar una zona de libre comercio con los Estados Unidos y formar un espacio económico protegido en Sudamérica. Ambas metas se excluyen mutuamente porque responden a filosofías y objetivos completamente diferentes. Sin un coeficiente importante de protección. no hay proyecto de integración que pueda calificarse como tal.
La prueba ratificatoria de este importantísimo y central principio que hace a la esencia misma de toda iniciativa de integración es la Unión Europea que, luego de 45 años de firmado el Tratado de Roma, termina de rechazar en México toda alteración significativa de su fenomenal esquema de protección agrícola, y sólo firma acuerdos de libre comercio con economías mucho más débiles y siempre y cuando no pongan en riesgo ese proteccionismo.
La integración es siempre una definición política con contenido económico, y no, como parece creerse, un proyecto económico que reclama apoyo político para su concreción. Para tener la mayor claridad posible al momento de tener que tomarse una decisión de fondo en este tema central, hay que tener siempre presente que lo que está en juego es tanto la filosofía económica que va a inspirar la política de desarrollo de cada nación, como el signo conceptual que presidirá su política internacional, debiendo existir entre ambas la más alta sincronización posible.




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