La extrema endeblez de todo lo nuestro puede verificarse mucho más por el grotesco de bonos nuevos, entregados en el canje, que ante los primeros escollos ya quedaban valiendo menos que los inservibles. Se dirá que la suba de tasas por parte del «viejo zorro» ha complicado el panorama: de ser así, y si la tendencia es a seguir con modificación de tasas, no cabe -por espanto- ni calcular el nivel en que podrían quedar esos bonos (y la cara que pondrán los del canje será como para filmarlo). La Bolsa recibió lo suyo, le dieron para que tenga, las cuentas se hacen fáciles: una pérdida de más de 12% en marzo, con más de 6% en últimas tres ruedas, dejando las migas en la lata de 2005: apenas 0,8% es lo que retiene el mercado, respecto de 2004.
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El comentario de toda la City pasaba, el miércoles pasado, por evaluar la «suerte loca» que tuvo la colocación de los nuevos bonos argentinos, como para llegar a 76% justo antes del vendaval bajista. Era un modo de salirse de la realidad de un escenario que se presenta árido, durísimo, para tener que enfrentar en el empalme con abril. Mientras Lavagna se desespera -ahora- por ver lo que se le viene, esos renovados « VANAS» que colocaron con CER podrían llegar a estar en la mano de algún gobernante malhumorado, que ante las inclemencias diga: «CER o no CER». Y la Bolsa, caja de resonancia natural -mal que les pese-, refleja todo en su espejo. Como se sabe, los espejos son inapelables.
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