Por eso la información de este diario va más allá que glosar o desmenuzar el dirigismo oficial: expone qué consecuencias tendrán y qué otras soluciones existen para que la sociedad pueda juzgar. Así decíamos ayer que si se dejara a los propios banqueros conversar con los 136.000 grandes aportantes en todo el país con fondos retenidos por más de 50.000 dólares, el drama del «corralito» se reduciría bastante.
Pero este gobierno suma dirigismo, elevado estatismo y populismo, por si le faltara poco. Entonces quiere resolverlo todo sin dejar nada al diálogo de partes afectadas. Es como si se hubiera puesto la Bandera para nacionalizar todos los depósitos del «corralito».
No dejar solucionar -o intentar hacerlo, porque no es fácil- a deudores y acreedores de esos fondos aprisionados más tarde o más temprano va a derivar en corrupción: un banco sin coimas puede arreglar una solución a cada depositante con fondos aprisionados. Si la solución va por el puente del funcionario, la corruptela está a un paso acechando.
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