25 de diciembre 2000 - 00:00

Las responsabilidades por uso indebido de materiales

La obra se había finalizado y lucía perfecta. El proyecto se encontraba completo y aprobado, la dirección de obra había cumplido con todas sus responsabilidades controlando la fiel interpretación de la obra intelectual, y la construcción, realizada por una de las más prestigiosas empresas constructoras de plaza, también lucía impecable.
Todas esas virtudes de la obra satisfacían plenamente al equipo profesional que había actuado en la misma, imaginando un futuro sin sorpresas en materia de ruina, vicios ocultos o defectos de la obra.

Sin embargo, el comitente decidió cuestionar la obra por un motivo misterioso, inusual y aparentemente trivial: su carta documento achacaba a los responsables de la obra la existencia de contaminación derivada de la utilización de materiales de construcción y equipamiento, y su efecto sobre la salud.

El 5 de este mes, el Salón Dorado de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires se encontraba colmado de asistentes, médicos, ingenieros, arquitectos, ambientalistas y otra docena de especialistas en contaminación. El defensor del pueblo adjunto de la Ciudad, Antonio Elio Brailovsky, decidió convocar a un foro sobre el tema más delicado y novedoso que puede estar presente en una obra de arquitectura e ingeniería, es decir, el efecto contaminante de la utilización de materiales y/o equipamiento. En un folleto y en CD que se obsequia gratuitamente, se advirtió que las partículas de asbestos se clavan en los pulmones y allí provocan cáncer. Al parecer la implosión de la vieja cárcel de Caseros ya se ha detenido para evitar estos efectos entre los vecinos.

Se comunicó también a los asistentes que los caños de PVC no sólo llevan agua, sino que ese agua arrastra sustancias que dañan a quien la bebe, y que cuando se produce un incendio el PVC genera gases que contienen cianuro, recordándose también que los adhesivos usados para pegar las maderas aglomeradas tardan años en secarse del todo y mientras tanto emiten gases que afectan la salud de los usuarios de oficinas y viviendas. Soy el único abogado invitado a esta reunión y debo hablar sobre las responsabilidades derivadas del uso indebido de materiales de construcción, pero sigo escuchando para aprender y no salgo de mi asombro.

Los miembros de la Sociedad Argentina de Medicina Ambiental informaron sobre los efectos nocivos causados por el «olor a limpio», por el «olor a pintura» y por el «olor a fresco», generados, según comprendí, en diversos tipos de ácidos que dañan la salud.

Escuché admirado una disertación sobre la relación existente entre las aberturas y el movimiento del aire dentro de los locales de una obra con el asma y las alergias.

Luego me interesé por la contaminación electromagnética, aquella producida por diversas ondas que, al parecer, afectan gravísimamente a aquellas personas que poseen marcapasos y algún elemento metálico dentro de su cuerpo.

Recordé inmediatamente entonces, una sentencia publicada por el Tribunal de 1° Instancia de Curicó, Chile, donde se ordenó el retiro de la antena de telefonía celular (diario «El Mercurio» del 3-12-00), y otra española donde se ordenó la demolición de una estación equipada con antenas radioeléctricas.
Cada especialista continuó comentando los hallazgos científicos que empiezan a ser conocidos y que producen efectos cancerígenos o nocivos para la salud.

(*) Abogado especializado en Arquitectura e Ingeniería Legal .

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