12 de julio 2004 - 00:00

Lavagna apura acuerdo ahora con automotrices

El gobierno está monitoreando el intercambio de autos y autopartes con Brasil para evitar desequilibrios como los que se produjeron en el rubro de electrodomésticos.

La preocupación oficial por la «brasileñización» del parque automotor local se hizo patente la semana pasada en la cumbre del Mercosur, en medio de la controversia por los electrodomésticos, cuando el ministro de Economía, Roberto Lavagna, reveló que sigue de cerca el intercambio de productos textiles, autos y autopartes.

Tal como adelantó este diario el jueves pasado, el equipo económico está analizando distintas medidas para premiar o castigar a las terminales locales según su nivel de producción en el país lo que obligaría a revisar el régimen industrial vigente.
Si bien el ministro ayer aclaró que no habrá restricciones para el ingreso de autos desde Brasil (como sí aplicó en electrodomésticos), las medidas que piensa Lavagna son para incentivar la producción local.

El secretario de Industria, Alberto Dumont, ya había anticipado la semana pasada sus gestiones ante las multinacionales del sector para que instalen en el país al menos una línea de producción de autos chicos y económicos, los más vendidos desde el inicio de la crisis, que hoy se fabrican en Brasil.

En este marco, en dos semanas funcionarios de los dos países se volverán a reunir para buscar una solución a este desequilibrio.


• Liberación prevista

Para 2006 está previsto que se libere totalmente el comercio bilateral, pero esto dependerá de los acuerdos que se logren para frenar el ingreso de autos brasileños que hoy representan 60% del total de vehículos que se venden en la Argentina.

Pero además del comercio de autos terminados, regulado por la Política Automotriz Común (PAC) del Mercosur, las autopartes preocupa a los técnicos de Industria, y con bastante razón: la balanza comercial había comenzado en 2002 a revertir el histórico déficit que registró ese renglón en los noventa, pero el año pasado volvió a anotarse con números rojos, con un saldo negativo de 108 millones de dólares.

«En 1994, 90 por ciento de los vehículos que se fabricaban acá llevaba motor nacional. Ahora ese porcentaje es cero, porque el último que tuvo motor argentino fue la Ford Ranger diésel, hasta el año pasado», explicó un empresario autopartista.

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