Roberto Lavagna tuvo ayer dos actividades clave. Por la mañana, explicó al presidente Eduardo Duhalde los pormenores de su gestión frente al Fondo Monetario Internacional (FMI) y cuáles son los nuevos reclamos del organismo internacional. Fundamentalmente, se explayó sobre la necesidad de encontrar un cierre definitivo al problema del «corralito» financiero. Además, habló de los próximos capítulos que debe enfrentar su gestión: la renegociación de las tarifas de servicios públicos, la llegada de nuevos créditos para prefinanciar exportaciones y la reestructuración de la deuda pública con acreedores privados con una quita de alrededor de 50%. Para el final, quedó el tema del comité de notables que comenzaría en breve a analizar la crisis financiera argentina.
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Luego Lavagna recibió a Aldo Pignanelli, quien ayer cumplió su primer día formal como presidente del Banco Central. Aquí el tema en debate fue más concreto y técnico: las dificultades para cumplir con el programa monetario aprobado para el segundo semestre. Pignanelli aprovechó para recordarle a Lavagna su intención de que el Central se mantenga independiente del poder político, es decir, de la influencia del Ministerio de Economía.
En ese sentido, confirmó la designación de Alejandro Henke como economista jefe de la institución, reemplazando a Eduardo Levy Yeyati. Henke, cuyo pliego para director había sido retirado del Senado a pedido de Lavagna, también quedó a cargo del área normativa de la institución, con lo cual Pignanelli quiso mandar un claro mensaje de control en la entidad.
No se habló sobre quién quedará como vicepresidente del BCRA. Si bien Lavagna pretende que quede el flamante director, Alberto Camarassa, un hombre de su riñón, Pignanelli podría volcarse por Jorge Levy, ex superintendente de AFJP.
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