Fue entonces cuando Lavagna pronunció una frase que pareció tener preparada desde hacía tiempo: «al país no le hace falta la convertibilidad para tener estabilidad económica». Allí explicó el método utilizado para calcular la actualización de partidas presupuestarias en base al incremento del índice de precios al consumidor estimado en 22%, pero no de forma directa sino tomando en cuenta un esquema de partidas «privilegiadas» y «desprivilegiadas», nombre que creó en el mismo momento de su disertación. Aprovechó también para publicitar ciertos niveles de estabilidad registrados en los últimos dos meses: «gracias a que se mantiene la indexación lo más encapsulada posible».
En cuanto al resultado financiero el ministro explicó que «el Presupuesto del Sector Público Nacional proyecta, para el ejercicio fiscal 2003, un resultado financiero deficitario de $ 3.223,0 millones, equivalentes a -0,60 puntos del PIB», explicado también como el menor en una década, «Si a este resultado se le deduce el monto de los intereses de la deuda por $ 14.884,3 millones, se obtiene un superávit primario de $ 11.661,3 millones, equivalente a 2,18 puntos del PIB», dijo.
Esos resultados, obviamente, a que la devaluación permitió licuar el gasto público y multiplicar la dimensión del producto en pesos.
Las proyecciones macroeconómicas utilizadas para elaborar el presupuesto fijan un PIB de $ 533,726 millones y un consumo estimado de $ 406.955 millones. La inversión fue estimada en $ 59.797 millones, las exportaciones en $ 117.601 millones y las importaciones en $ 66.901 millones. De esa forma se proyecta un crecimiento real de la economía de 3%, pero gracias a la devaluación se convierte en una suba nominal de 49,5%. Las exportaciones tienen un crecimiento proyectado de 5,2% y las importaciones de 24,1%.
Dentro de esas proyecciones el ministro incluyó una partida de «3.500 millones de pesos de libre disponibilidad» para el próximo gobierno y
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