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Algo parecido podríamos decir respecto del incremento del costo de dinero que a 10 años pasó de 4,28% anual a 4,4% anual o del dólar (que bajó de 112,42 yens 112,12 yens y de u$s 1,2123 por euro a u$s 1,2337 por euro). Pero con sus más y sus menos, algo parecido vimos durante la seguidilla de cinco semanas consecutivas en suba que precedieron a la que acaba de terminar. Sobre los datos de la macro, basta decir que se ya está habando de un crecimiento del PBI en torno a 5% para el actual trimestre y sobre las ganancias de las empresas que resulta casi seguro apostar a un crecimiento en las ganancias de 11 para el segundo trimestre y 12% para el tercero. En el plazo mediano a corto nada sustancial ha cambiado, y deberíamos pensar que el escenario es tan bueno sino mejor que un mes atrás. Sin embargo, esta última semana los inversores se mostraron menos optimistas. Como saldo, podríamos decir que si lo que acabamos de ver es tan sólo un ejemplo de lo que nos puede traer agosto, no hay nada de que asustarse. Pero si es el inicio de lo que está por venir -como podría sugerir la baja del jueves y 0,49% que perdió el Dow este viernes al cerrar en 10.558,03 puntos-, convendría extremar la prudencia.
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