25 de enero 2002 - 00:00

Los riesgos de hiperinflación

La palabra hiperinflación ha recobrado inusitada vigencia en estos tiempos: en el interinato de Rodríguez Saá, cuando se hablaba de una megaemisión de una tercera moneda. Ahora, con Duhalde en el gobierno, a partir de la devaluación y todos los problemas que ésta ha venido a agravar. ¿Y cómo es que ahora, con dólar entre 1,40 y 2,00, es más factible una híper que poco tiempo atrás, cuando el dólar estaba 1 = 1?

Es que entre el «corralito», el control de cambios y la devaluación, la Argentina ha quedado sumergida en una suerte de «juego de horror». Según vengan los cacerolazos, y según nuestros «emperadores» muevan sus pulgares, se pasa de estar salvado o condenado, enriquecido o empobrecido, de un día a otro.

¿Se ha endeudado en menos de u$s 100.000? Está salvado. ¿En un poco más? Está frito. ¿Ha llevado su plata al exterior hace unos meses ? Está salvado. ¿La puso en plazo fijo en dólares en un banco, para estar a salvo de una eventual devaluación? Está frito. ¿Por esas cosas de la vida, o por tener plata en negro, la puso a nombre de su padre de más de 85 años? Está (vamos a ver) salvado. ¿Tiene 70 años? Está frito. ¿Exportaba y se había endeudado en 90 mil dólares?: ¡doble premio! (devaluación + licuación). ¿Invirtió un montón para modernizar una empresa proveedora de esa misma empresa exportadora, y se endeudó en 200 mil dólares? Liquidado. Etc., etc., etc.

Por gracia de nuestros gobernadores, así están las cosas.

Y como encima nuestros «amos» no se dan maña para implementar las cosas bien, y rápido, todo va mal.

• Desequilibrio

Y todo esto alimenta entonces un desequilibrio muy amenazante. Por un lado, la «oferta» de pesos, la emisión de moneda, tiende a aumentar, básicamente por dos vías: a) vía el aumento del déficit fiscal debido a la caída de la recaudación, en un momento en el cual la gente ni puede ni tiene el menor ánimo de pagar impuestos, y b) vía los redescuentos que habrá que dar a los bancos para que atiendan los pagos del «corralito» (ya que es previsible que nadie quiera mantener su plata en el «corralito», ¿no es así?).

Por otro lado, la demanda de pesos tiende a disminuir. La devaluación pone en alerta rojo a los tenedores de pesos, que tratan de minimizar el uso de efectivo. El que cobra $ 800 está empezando a separar $ 300 para comprar dólares. El que cobra $ 5.000 separa $ 3.000 para el mismo fin (después de todo, ¿en qué se puede preservar valor si no es en dólares?).

Ese desequilibrio, entre una oferta que crece y una demanda que tiende a aumentar, se «ajusta» vía ventas de reservas del BCRA y vía aumento del dólar.

Según mis estimaciones, hasta fines de marzo, aproximadamente 10.000 millones de pesos podrían potencialmente presionar sobre el mercado cambiario.

• Voluntad

Habrá que tener mucha «muñeca» para saber «torear» al mercado, y unos cuantos dólares extra del FMI, BID y BIRF, a fin de evitar fuertes escaladas alcistas del dólar y fuertes riesgos de hiperinflación.

Y por supuesto voluntad de hacerlo. Después de todo, una híper es una «solución»: se licuan los salarios, se licuan los pesos (permite emitir moneda autolicuante sin dejar de pagar las cuentas del Estado), se licuan las deudas ya pesificadas, se licuan los depósitos del «corralito» (¡y fin al problema y usted cobra 10% de lo que tenía!).

Ahí tenemos, pues, todos los ingredientes: más oferta de pesos, menos demanda de pesos, y no muy segura voluntad en evitar la cosa (si tan sólo alguien pudiera asegurarle a Duhalde que una híper no se lo lleva puesto a él también... ¡qué fácil sería la cosa!).

Si el gobierno quiere «en serio» evitar la híper, más vale «que se ponga las pilas». El riesgo es real. Mucho tiempo no hay. Y si se «aprietan mal los botones», la cosa puede salirse de madre. O de padre. Dicen que el padre es el símbolo de la ley. Y justamente, ley es lo que en la Argentina se está yendo a todo tren. Tal vez, en el mismo tren en el que se nos viene encima la híper. La primera del siglo XXI. Made in Argentina.

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