Un oso no alcanza. Diez osos tampoco. La sensación más parecida a lo que se vivía minutos antes del cierre del viernes era la misma que los veteranos habían sufrido en los ignominiosos días de octubre de 1987.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Las explicaciones poco importaban en aquel entonces (quedaron luego para los académicos y, sinceramente, nunca terminaron de convencer demasiado a nadie), pero tampoco importaron durante la última rueda. De repente, el mercado pareció volver a perder toda sensación de piso, y si bien las variaciones porcentuales no fueron tan alarmantes, el Dow perdió 4,64% cerrando en 8.019,26 puntos, y el NASDAQ retrocedió 2,79 por ciento, el crecimiento del volumen en el NYSE a más de 2.600 millones de papeles refrescó el hecho de que ésta fue la novena semana de baja en la mayor Bolsa del mundo. Nos guste o no nos guste, estamos viviendo el peor mercado bajista desde la "gran depresión", incluso peor que el de los '70. La fortuna, podría decirse, es que la economía no sufre hoy ni una décima parte de los problemas que sufría en aquel entonces. Pero esto saca a luz lo que es tal vez el mayor problema que tenemos para analizar lo que está sucediendo: ¿Por qué? ¿Qué significa esto, o qué quiere decirnos el mercado? Es claro que la situación se está empeorando muy rápidamente en ámbitos que van más allá del puramente específico al mercado. Por lo pronto, las propuestas para reformar las penas por reportes contables indebidos, de uno y de otro lado sólo prometen ahuyentar a los inversores, de por sí bastante asustados con lo que les toca con el día a día. Afortunadamente, en el "after hours" del viernes las cosas se tranquilizaron un poco. Pero ahora es más que tranquilidad lo que se necesita, se necesita acción. Informate más
Dejá tu comentario